Ahogarse en un vaso de agua

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Si uno se queja por las cosas buenas que le pasan, ¿qué queda entonces para las malas? Si problemas que tienen arreglo son vividos como catástrofes, ¿qué se puede esperar cuando debemos enfrentar situaciones límite cuya única salida es lo peor? Pero no hay caso, seguimos ahogándonos en vasos de agua y sobredimensionando tonterías.Vivir como una tragedia estresante el día de tu cumpleaños, por ejemplo. Sentir como una maldición gitana la fiesta tan temida, la depresión y las crisis de los números redondos: ¡Tengo treinta años y el pescado sin vender! El “pescado” puede ser una figura literaria que se traduce como “estoy estancado en un trabajo que odio y que no me rinde” o “no he podido formar una familia” o “he formado una familia espantosa” o “¿para cuándo me saco la lotería, largo todo y me voy a viajar por el Caribe?”. Volverse loco cuando el teléfono no para de sonar para recordarte la fecha de tu natalicio y comprobar que muchos de los que llaman no se acuerdan de uno en todo el año. ¿Y si la nena cumple quince? ¿Y si no quiere fiesta y prefiere un viaje a Cancún que no está dentro del presupuesto ni asaltando un banco? ¿Y las bodas de plata? ¿Y las de oro? ¿Y la falta de respeto de tus hijos hacia vos, que pasás a ser una radio antigua transmitiendo mensajes a los que nadie da la menor bolilla? ¿Y el nuevo embarazo sorpresa de tu mujer? ¿Y la infidelidad siempre sospechada y ahora confirmada de tu marido? ¿Y los embotellamientos provocados por manifestaciones, caos vehicular y calles rotas? ¿Y la pelea por el control remoto de la televisión? Ni hablar del terrible período de vacaciones de invierno, donde los malabares económicos y físicos de cumplir con Chiquititas, Barneys, Ratones Pérez, Cars, Piratas del Caribe más Disney sobre hielo y alguna joya nacional del arte infantil llegan a comerte el coco, la plata y la paciencia. ¿Y el veraneo? ¡Catástrofe nacional si no podemos acceder a él! ¡Tragedia familiar en puerta! ¡Amargas discusiones sobre las ventajas de alquilar una quinta por sobre las delicias de una playa! Por supuesto, hay que incluir las sorpresas de la balanza, que provocan crisis de nervios al comprobar que no entramos dentro de las prendas de vestir que datan del año pasado nomás y sentirse culpables de haber ingerido cantidades industriales de hidratos, sin olvidar la sensación de fracaso al mirar las bicicletas, cintas gimnásticas y demás adminículos que reposan bajo la cama.

Suegras espantosas, nueras insoportables, abuelos de mal carácter, jefes terroríficos, maestros y profesores temibles, porteros descuidados y chismosos, y el fútbol, pasión y, por eso mismo, tema álgido que puede destrozar amistades, forman parte de los “vasos de agua” en los que nos ahogamos permanentemente. Es lo mejor que nos puede ocurrir. Porque, mientras ésos sean los problemas grandes del diario vivir, hay indicios de que lo realmente importante está bien. Sólo cuando lleguen la enfermedad, la muerte, la guerra, el bombardeo, el misil explotando en la esquina de tu casa, la miseria que empuja a vivir en la calle sin jefe, sin trabajo, sin ropa que te entre o no te entre, sin escuela para quejarse de la mala maestra y sin verano ni Piratas del Caribe ni Chiquititas que valgan, comenzaremos a valorar lo que teníamos. No siempre se puede y no siempre se debe, pero algunas veces deberíamos pensar en los verdaderos dramas de la vida, de los que no estamos exentos los seres humanos sea cual sea nuestro origen social. Desde ese lugar es posible entender que la vida es otra cosa más que la fiesta de quince, el viaje de egresados, la balanza, el veraneo y las malas relaciones con suegras, maestros y alumnos.

Enrique Pinti

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