Que digan misa

curas narcos

Hay dos maneras de aparecer en los medios. O ellos encuentran al personaje porque necesitan que les diga, cuente, mencione o precise alguna información, o el personaje va en busca de los medios. Por supuesto, no es necesario decir algo inteligente o estar bien enterado o preparado para hablar sobre determinado tema. Basta con abrir la boca y decir una barbaridad o una estupidez desde algún cargo para aparecer en los medios. Es el caso de varios obispos.

Ayer se difundieron declaraciones del obispo Raúl Vera en las que señalaba que la muerte de Beltrán Leyva fue una “ejecución extrajudicial”. Animado por la presencia de grabadoras y micrófonos, continuó con su defensa del narcotraficante y del crimen organizado: “Llegaron a ejecutar, no llegaron a aprehender, llegaron a ejecutar.” Feliz porque sabía que de esa manera le publicarían sus palabras, el obispo no dudó en brindar su respaldo a El Barbas, La Barbie, El Pozolero, El Chapo y a otras criaturas del Altísimo, al calificar la acción de la autoridad de “irresponsable” e “inmoral”. A lo mejor Raúl Vera extraña la estrategia Prigione de recibir a los narcos en la nunciatura. O al padre Montaño que participaba alegremente en los eventos de los Arellano.

Fascinada por el ambiente mediático, la jerarquía católica en nuestro país no deja pasar la oportunidad de decir o hacer algo que muestre su absoluta falta de sensibilidad, su distancia de la sociedad y su necedad. Esto se suma a la frivolidad y a su debilidad por los poderosos. Ahí están los festines de Onésimo, rodeado de políticos y empresarios millonarios; ahí está Norberto y su Mercedes Benz; ahí está el obispo Carlos Aguiar acompañando a Peña Nieto al Vaticano para salir de extra en la telenovela mexiquense.

Hace algunas semanas, el cardenal Lozano advirtió a la sociedad: los homosexuales no van al cielo. De ser cierto, el padre Maciel arde en las llamas avivadas por Satán. Así son, les importa declarar, salir en la prensa. Mientras citan a los medios y cavilan sus ocurrencias, las iglesias evangélicas, las sectas financiadas desde territorio estadunidense avanzan a pasos agigantados captando adeptos; mientras un obispo declara que sabe dónde está El Chapo Guzmán y otros opinan de los impuestos y la reforma energética, el movimiento gay pasa por encima de los adjetivos y amenazas de los jerarcas católicos.

No es extraño que la Iglesia católica pierda terreno en varios aspectos. Independientemente de la falta de comprensión en temas como el divorcio o los anticonceptivos, que son parte de la vida de un considerable porcentaje de sus feligreses, los representantes de la burocracia eclesial se esfuerzan por aparecer en los medios cada vez más aunque les hagan caso cada vez menos.

Hay que acostumbrarse a la palabrería de una iglesia que añora los viejos tiempos del PRI, en los que se sentían muy a gusto con la hipocresía oficial. No dejarán de hablar, pero como dicen por ahí: que digan misa.

Juan I. Zavala/mileniodiario

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