¿Navidad consumista?

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Esta noche se abren los regalos navideños. A algunos, quizá los más obsesivo-compulsivos, les hará falta tomar Tafil durante las siguientes horas para relajar el músculo y la ansiedad, a fin de llegar a la hora de la apertura en armonía con la expectativa que tienen del preciado momento: abrir el o los varios paquetes que sus amigos y familia les otorgarán.

Está de moda ser políticamente correcto y afirmar que el verdadero sentido de la Navidad está extraviado, que se nos ha perdido, que regalar no es adecuado cuando lo que hay que recordar es el nacimiento de Jesús. Yo pienso que esa versión no es tan apegada a nuestra realidad. Regalar algo es un acuerdo implícito de la sociedad consumista en la que vivimos, que de suyo no es maligna, sino que ha encontrado en el capitalismo una forma de organización en la que la especialidad de cada quien tiene un valor económico que, al regalarlo, simboliza que uno se regala al otro, que se comparte con el otro.

Lo más curioso es que todo mundo es muy hipócrita. La gente dice que el verdadero sentido de la Navidad es el nacimiento de Jesús, pero la mayoría espera el regalo que vendrá de parte del de enfrente.

Está bien que las abuelitas y los curas quieran devolvernos hacia las tradiciones, pero ellos son los más regaladores. Párese a una abuelita frente a la sección de juguetes de Liverpool —con algo de dinero— y se verá el monstruoso efecto en el rostro y en su comportamiento de compra. “Es por mi nieto”, dirá. Pero comprará. Y de los curas ni se diga. Se dejan regalar como ninguno; no le dicen no a nada.

¿Para qué tanta hipocresía, entonces? ¿Para qué pregonar que se “perdió” el espíritu de la Navidad si hoy su significado es muy distinto al de hace dos mil años?

Hoy las Navidades son: fiesta, juego, regalos, brindis, compras, Liverpool, tarjetazo, vino, pavo, esferas, árboles, heno, adornos luminosos, Costco, moños, cervezas conmemorativas, Nueva York, esquí, flojera, canastas, celulares, Abercrombie, iPod, fruitcake, romeritos, Juguetón, series de luz, bufandas, champán, uvas, GPS, pantuflas, bacalao, Trico, Zara, tequila, karaoke.

No, el espíritu de la Navidad no “se perdió”, sólo se hizo más grandote. Se amplió.

Carlos Mota/mileniodiario

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