¡Climagate!

ad_wwf_calentamiento_globalEl escándalo estuvo bien cronometrado: un mes antes de que comenzara la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas en Copenhague, Dinamarca, unos hackers entraron a los servidores de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra. Extrajeron mil correos electrónicos y 2 mil documentos varios, que publicaron en internet.

¿Objetivo? “Demostrar” que los expertos en cambio climático manipulan datos, ocultan información, ridiculizan e insultan a sus contrincantes —los negacionistas del cambio climático— y evitan que publiquen sus argumentos.

Y en efecto: algunos documentos parecen mostrar este tipo de manipulaciones. Se está investigando para determinar si ha habido mala práctica científica. Si se confirma, habrá sanciones. También se revisan los datos publicados, para verificar que sean confiables.

Pero lo más probable es que se trate de una campaña de desprestigio encaminada a debilitar la postura del Panel Internacional sobre Cambio Climático, la ONU, la comunidad científica y los gobiernos que están discutiendo ahora mismo, en Copenhague, la urgencia de tomar medidas para disminuir las emisiones de gases de invernadero con el fin de atenuar, en lo posible, los daños que el calentamiento global está ya causando.

Y es que, para quien no sea especialista, exhibir los trapos sucios de los científicos en acción puede ser escandaloso. Frente a la imagen prístina e impoluta —pero falsa— de la ciencia como método infalible para descubrir verdades absolutas, ver a los investigadores como seres humanos con errores, envidias e intereses políticos es una buena manera de impugnar los resultados de sus investigaciones. Pero se olvida que la confiabilidad de dichos resultados no está dada por la personalidad de los científicos individuales, sino por un proceso colectivo, internacional y público de control de calidad muy difícil de manipular.

Es fácil desprestigiar inventando teorías de complot y exhibiendo datos aislados y fuera de contexto.

Pero, sin ignorar los altísimos costos económicos y políticos de modificar de nuestra industria, hacernos tontos ante el cambio climático es un riesgo completamente inadmisible.

Martin Bonfil Olivera

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