Que nadie se sorprenda

estallido

Han pasado ya unos días desde la aprobación de uno de los paquetes económicos más lesivos para el pueblo mexicano y, lamentablemente, las consecuencias lógicas han comenzado a sentirse con mayor intensidad.

El presupuesto es el resultado de una lastimosa política económica gubernamental que los talentosos especialistas de la administración de Felipe Calderón, coludidos con los no menos inteligentes legisladores, ven como la única solución para remendar, en lo inmediato, su falta de perspectivas para sacar al país de la más grave crisis por la que se ha atravesado desde hace varias décadas.

Porque no hay que ser un genio para darse cuenta de que hay un ánimo pusilánime en las altas esferas políticas para enfrentar y tratar de encontrar soluciones de fondo a esta recesión que se ahondará en 2010.

No hay que ser especialista para entender que las políticas puramente recaudatorias, aun cuando desahoguen un poco las mermadas arcas gubernamentales, tienden claramente a estrangular a la población, cuyas clase media y media baja están cada vez más jodidas, pues en ellas se apoya totalmente el aparato del Estado para sostener sus conocidos excesos y su aparatosa y cara estructura.

Por eso no es de sorprender que haya muchas voces que advierten sobre las posibilidades de un estallido social en México. Por más que desde el gobierno haya una campaña mediática en la que se asegura que todo mejorará y que 2010 será un año de recuperación, la verdad dista mucho de ser tan prometedora.

Hasta Cuauhtémoc Cárdenas salió ya a decir que no hay riesgo de estallido social. La pregunta es con qué autoridad moral, Cárdenas puede afirmar eso, cuando es bien sabido que el ingeniero, desde su penthouse de Polanco, no tiene el pulso ni el conocimiento de la amplia mayoría que va malviviendo al día.

A quienes hay que escuchar ya han hablado y coinciden en lo mismo, estamos a un tris de entrar en un torbellino cuya única salida es el estallido social.

Tampoco se trata de hacer conjeturas abstractas, el tema está de sobra documentado por historiadores y sociólogos que conocen perfectamente los síntomas, y cual médicos saben que si no se aplican los medicamentos adecuados, la infección no se detendrá y hará que el paciente caiga gravemente enfermo, sobre todo cuando el especialista que lo atiende no está capacitado para entender la naturaleza de la enfermedad, y mucho menos para recetar el fármaco adecuado para curarlo.

Hasta ahora han hecho oídos sordos de las repetidas advertencias que la Iglesia ha lanzado en este sentido, y si hay alguien autorizado para hablar del tema son los ministros de culto, por su cercanía con los ciudadanos más vulnerables. Y qué decir del rector de la UNAM, José Narro, quien terció sobre este tema, y hasta el mismo titular de la Sedesol, Ernesto Cordero, quien tuvo un resbalón y saliendo del discurso oficial reconoció que la posibilidad de un estallido es “un tema que preocupa a todos los gobiernos”.

Así que si todo sigue igual, con las ineptitudes políticas y económicas de costumbre, nadie debe sorprenderse ante la cada vez más desoladora posibilidad de un estallido social en serio.

articulo de Francisco Garduño/mileniodiario

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