Masturbando a la historia

muro

NO LE BASTA con haberse ligado a Carla Bruni: Sarkozy sigue empeñado en emular a Forrest Gump. Asegura que tuvo tiempo de acercarse a Berlín en 1989 junto con un amigo para dar unos cuantos golpes de pico que ayudaran a derribar el Muro. Dejando aparte el problema de si Sarkozy sabrá por dónde se enchufa un pico, la anécdota ilustra el gusto de la clase dirigente europea por estar en todos los ajos, incluso contrarreloj. Quienes se lamentan por tener de presidente a Zapatero no tienen más que echar un vistazo a los países vecinos y consolarse con la visión de un bisoñé clavado pelo a pelo o de unos zancos con tacón.

Zapatero, en cambio, no sólo no es bajito sino que no tuvo tiempo ni ganas de trasladarse hasta Berlín. Estaba muy ocupado pegando carteles del PSOE, única ocupación laboral que se le conoce aparte de calentar micrófonos con la boca y sillas con el culo. El final del sistema esclavista más grande que el mundo ha conocido le ha inspirado una de sus más rocambolescas comparaciones: la caída del Muro fue semejante a la muerte de Franco. Es decir, que la lucha de los sindicatos polacos, los asesinatos en las cunetas, los disidentes cazados a tiros al otro lado del checkpoint Charlie se igualan con el electrocardiograma plano de una momia tranquilamente fosilizada en su cama. Como si a Franco lo hubiesen matado a martillazos.

Dice el pez piloto de la Alianza de Civilizaciones que la caída del Muro fue un acontecimiento «pacífico». Un adjetivo que nunca se le cae de la boca a Zapatero y nunca habrá tenido mejor ocasión de guardárselo donde le quepa. Porque encima tuvo el cuajo de hacer ese discursito de mamarracho en Polonia, el país que sufrió durante toda una década la brutal dictadura del general Jaruzelski, el toque de queda, los jóvenes tiroteados en las calles, la represión brutal, las palizas, las cárceles, la amenaza de los tanques rusos. Como si el Muro hubiese caído por sí solo, porque sí, a fuerza de suspiros, poemas y flores, gracias al poder de los discursos de algún otro político ignorante, cínico o imbécil. Como si tampoco hubiera tenido nada que ver con la caída del Muro la invasión de Afganistán, esa meticulosa matanza donde el Ejército Rojo se desangró emboscada a emboscada y balazo a balazo.

Que se terminó en poco tiempo, dice. Le parecen poco casi treinta años de muro y setenta de comunismo. Le parece poco el Gulag. Le parecen poco Hungría, Praga y Gdansk. Con semejante visión de la Historia, no es de extrañar que lo único que pueda enseñar este Gobierno a los jóvenes sea a hacerse pajas.

Articulo de David Torres/elmundo.es

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