La rechifla del “respetable”

De nada sirve que el Estado Mayor Presidencial apague los micrófonos y filtre el sonido, el repudio es evidente y más vale que el presidente Felipe Calderón lo tome en cuenta.

calderonCuando acompañaba a mi padre al futbol, compartíamos asientos con los familiares de los jugadores del Atlante: Vantolrá, Angelillo, Scarone y otros, y vivíamos momentos inolvidables. En ese tiempo, las narraciones radiofónicas las hacían gigantes del micrófono como Agustín González Escopeta, Fernando Marcos, Alonso Sordo Noriega, Julio Sotelo. Cuando había una mala jugada o un error del árbitro, los espectadores gritaban, silbaban, insultaban, y don Agustín González Escopeta decía: “Podemos escuchar la rechifla del respetable”.

¿Qué tienen de respetable esos locos que gritan, silban e insultan?, le pregunté a mi papá. “Eso —me contestó— es lo que se llama ironía”.

Pues bien, en la inauguración del Estadio Territorio Santos Modelo, allá en Torreón, “el respetable” le dio a Felipe Calderón una gran rechifla.

Recordamos rechiflas épicas, como la que recibió Gustavo Díaz Ordaz al inaugurar el estadio Azteca y la que hubo en el Mundial de Futbol para Miguel de la Madrid, pero la que recibió Felipe Calderón muestra que el hartazgo ciudadano está llegando a un punto que puede presagiar problemas más graves.

Porque “el respetable” aguanta mucho (hay que ver el aguante de los partidarios de los Pumas de la Universidad ante la pobre actuación de su equipo en este año), pero llega un momento en que ya no aguanta más y la rechifla surge espontánea. De nada sirve que el Estado Mayor Presidencial apague los micrófonos y filtre el sonido, la rechifla, el repudio, son evidentes, y más vale que Calderón lo tome en cuenta.

Porque tiene dos problemas que él mismo se ha buscado, el primero es común entre todos los políticos: ofreció mucho, habló del empleo, de bajar los impuestos, de transparentar los dineros del gobierno, de acabar con la impunidad y la corrupción y nada de eso ha logrado y, el segundo, ha sido cada vez más evidente: habla, habla, habla sin parar. No sé si le escriben sus discursos o él los prepara, pero sin llegar a excesos echevérricos o lopezportillistas, en los últimos meses se ha dedicado a hablar y pontificar todos los días.

“El que mucho habla, mucho yerra”, dice el refrán, y al hacerlo ha atropellado las decisiones de algunos de sus secretarios, ha descalificado a los partidos de oposición, ha atacado incluso a los empresarios, y después de que el daño está hecho y el resentimiento es evidente, ha ofrecido las paces y ha invitado al diálogo. Y no sólo eso sino que, al parecer debido a su irritación creciente y su impaciencia, ha increpado a sus colaboradores, uno de los cuales le ofreció su renuncia.

La “rechifla del respetable” es un diagnóstico, pero puede ser también un pronóstico. Al mandato de Calderón le quedan pocos meses de vida y es urgente que se calle, se siente a reflexionar, reordene sus pensamientos y que actúe como Presidente. Si no, esa rechifla puede ser el presagio de algo más grave.

Porque “el respetable” no se equivoca.

Rafael Alvarez Cordero

fuente:exonline.com

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