Fanatismos

Papa Benedicto 20081127_002

BENEDICTO XVI, que ahora sale cantando pop sacro, es cierto que no personifica el summun entre los sumos pontífices. De ellos ha habido para dar y tomar: de tercera y hasta de cuarta regional, si es que de eso hay. Aquí tuvimos uno en Peñíscola, también Benedicto, pero en sus trece, mientras danzaban por Europa otros tres o cuatro excomulgándose y poniéndose como pingos los unos a los otros. El fanatismo, cualquiera que sea, nace siempre armado: a Juan Pablo I se lo cargaron de un jicarazo; a Juan Pablo II se la armaron de un tiro en Roma y lo intentaron luego en Fátima; al presente, acaso no merezca la pena… Y, a principios del XIII, cuando la guerra santa entre católicos y albigenses, en el asalto a Béziers, le preguntaron los primeros al abad Almaria, que los acaudillaba, cómo distinguir a los herejes, y él, inspirado, contestó: «Matadlos a todos. Luego Dios se encargará de identificar a los suyos y llevarlos al cielo». A eso se llama fe ciega. Quizá excesiva. Qué hipócritas los que se echan encima las causas de Dios y luchan en su particular Armagedón para quedarse con los bienes y las tierras de los enemigos de su estilo de Dios… Y así seguimos. ¿O no?

Antonio Gala/elmundo.es

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