¿Que celebramos,que festejamos?

revolucion2Hoy conmemoramos —ni celebramos ni festejamos— 99 años del inicio de la Revolución Mexicana constatando cómo los ciclos de la historia tienden a repetirse.

El siglo XX irrumpió con profunda recesión mundial que afectó el precio de la plata, principal producto comercial del México de entonces. La desestabilización de la balanza de pagos no pudo impedir —junio 1907— la devaluación del peso, mismo que entonces se decidió respaldar con el patrón oro en sustitución del patrón plata.

Fue en octubre de 1907 que la recesión a nivel mundial desató el pánico financiero en Nueva York. La incipiente industria de nuestro país se vio bruscamente frenada. La precaria situación económica en EU motivó que fueran deportados un significativo número de compatriotas que se habían empleado principalmente en Texas y Arizona. Agreguemos la intensa y desastrosa sequía del verano de 1908, causante de severa escasez de alimentos en todo el país.

El descontento popular se ensañó contra el gobierno de Porfirio Díaz. La clase trabajadora, incentivada por recientes protestas obreras efectuadas en EU, inició masivas movilizaciones, mismas que culminaron con el estallido de la huelga de Cananea y la rebelión de Acayucan en 1906, así como en la huelga de Río Blanco en 1907.

Es en tal entorno que Francisco I. Madero publica en 1908 La sucesión presidencial. Madero aspiraba originalmente a figurar dentro de la planilla de Porfirio Díaz como vicepresidente para las elecciones de 1910. Sin embargo, el remolino de acontecimientos llevó a éste a encumbrarse como figura central del movimiento revolucionario.

Casi un siglo después, la reflexión clave es: ¿La masacre revolucionaria forjó un México mejor?

Fuimos gobernados durante 71 años por un único partido, cuyo legado político quedó impregnado con el sabor de la corrupción y del abuso del poder. Para nuestra desilusión, tras nueve años de alternancia, prevalece el mismo rechazado sabor.

Lamentablemente México se ha venido rezagando en los distintos índices comparativos frente a las demás naciones. El dato fresco de la semana es que el índice de percepción de corrupción en México presentado por Transparencia Internacional muestra que, entre 180 países, en el transcurso de un solo año, pasamos del sitio 72 al 89 y nos situamos a la par que Malawi, Lesotho y Ruanda. Contundente dato de cuánto hemos avanzado en la robolución.

La deplorable posición que corresponde hoy a México es tema que preocupa y ocupa a prestigiadas mentes lúcidas de la vida nacional. El rector de la UNAM, José Narro, convencido de que el modelo de desarrollo y de organización aplicado en nuestro país llegó ya a su límite, que no nos es útil ya para vernos hacia afuera y mucho menos para resolver los problemas que debemos afrontar en lo interno, propuso iniciar el proceso de “refundación de la República” —refundación, ya no revolución— en la búsqueda del crecimiento del país, garantizando el eficiente combate a la pobreza y la mejor distribución de la riqueza.

Nos enfilamos al Centenario de la Revolución con 46% de compatriotas entre pobres e indigentes, la caída anual de 7.1% del PIB, menor inversión, producción y consumo, pero con alza de impuestos, mala educación, alarmante inseguridad, sindicatos corruptos y amafiados, políticos con desprestigio ganado a pulso, petróleo en proceso de extinción, urgidos de reformas estructurales, con desempleo galopante, un reloj legislativo a modo, decepcionados, dolidos, tristes y pesimistas.

¿Qué celebramos, qué festejamos?

articulo de jose rubinstein/excelsior.com

Deja un comentario