Ciudadanos desaparece en 11 comunidades, cuatro partidos entran al Congreso y otros datos del 10-N

Vox gana por primera vez en una comunidad autónoma

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E. SÁNCHEZ J. RUBIO 10 NOV 2019 – 17:38 CST

El PSOE gana las elecciones, Vox se convierte en la tercera fuerza política en España y los posibles acuerdos entre partidos están todavía más difíciles que en abril. Estos son los principales titulares que dejan las elecciones generales, pero hay otros datos interesantes que se desprenden del recuento.

1. El partido ganador nunca ha tenido tan pocos escaños

La victoria de Pedro Sánchez, con 120 escaños y el 28% de los votos, es la más endeble en unas elecciones generales. Cae por debajo del mínimo -hasta ahora- que marcaron tanto el PSOE en abril como el PP de Mariano Rajoy en 2015: 123 escaños.

2. Ciudadanos desaparece en 11 comunidades autónomas

En abril, Ciudadanos consiguió escaños en todas las comunidades autónomas, con la excepción del País Vasco (en Navarra estaba integrado en Navarra Suma). En estas elecciones, el partido de Albert Rivera ha perdido sus diputados en 11 de ellas: Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Galicia, La Rioja y Murcia. Solo mantiene representación en cuatro autonomías: Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana y Comunidad de Madrid.

3. Vox vence por primera vez en una comunidad autónoma

Vox ha ganado las elecciones en la Región de Murcia. Es la primera vez que el partido de Santiago Abascal es la fuerza más votada en una comunidad autónoma. Vox ha conseguido tres escaños, los mismos que PP y PSOE, pero tiene más votos. Este partido también ha ganado el único escaño de Ceuta.

Ciudadanos desaparece en 11 comunidades, cuatro partidos entran al Congreso y otros datos del 10-N

 4. Provincias que cambian de color

El PSOE ha ganado en 32 provincias, frente a las 39 en las que se impuso en abril. El PP ha recuperado la primera posición en A Coruña, Zamora, Segovia, Palencia y Cantabria. Vox adelanta a los socialistas en Murcia. En Teruel, donde también ganaron los socialistas en abril, el primer puesto es para Teruel Existe. También cambia el partido más votado en Ceuta, donde Vox ha superado al PSOE. En total, siete provincias han cambiado de color.

5. Unidas Podemos y Más País, ¿mejor juntos o separados?

Unidas Podemos y sus confluencias tienen 35 escaños, siete menos que en abril. El partido de Íñigo Errejón (que se presentaba junto a Compromís) se ha quedado en tres diputados. Con esos escaños, Unidas Podemos y Más País suman 38 escaños, cuatro menos que los 42 del partido de Pablo Iglesias el 28-A.

Si miramos los votos, la suma de los dos partidos es de 3.651.000 con el 99% escrutado. Son unos 300.000 votos menos que los que obtuvieron Unidas Podemos y Compromís el 28 de abril. Y un dato curioso: a pesar de que la suma de Unidas Podemos y Más País tiene 34.000 votos más que Vox en toda España, el partido de Santiago Abascal tiene 14 diputados más.

6. PACMA, el partido sin escaño con más votos

Una vez más, PACMA es la formación que más votos consigue sin obtener ni un escaño. El partido animalista ha obtenido unos 226.469 votos, 100.000 menos que en las elecciones de abril. PACMA tiene 11 veces más votos que Teruel Existe, el partido de todos los que consiguen escaño con menos número de papeletas (19.696).

Ciudadanos desaparece en 11 comunidades, cuatro partidos entran al Congreso y otros datos del 10-N

7. Entran cuatro partidos nuevos al Congreso

Hay varios partidos nuevos en el Congreso. Más País suma tres diputados, contando el de Més Compromís en la Comunidad Valenciana. También consigue representación Teruel Existe, que suma un congresista, y la CUP, con dos. Regresa BNG, que tuvo representación entre 1996 y 2015. Sus más de 115.000 votos le han valido un escaño por A Coruña. Ninguna de estas formaciones llega al 5% de los votos, así que no tendrán grupo propio en el Congreso.

8. Caras conocidas sin asiento en las Cámaras

La caída de Ciudadanos deja a personajes muy populares de la política española sin escaño. Juan Carlos Girauta, líder de la lista de Ciudadanos por Toledo, no consigue plaza en el Congreso. En el PP, Mari Mar Blanco, líder de la lista por Álava, también se queda fuera. Además, el resultado popular en la provincia de Huelva ha dejado a Juan José Cortés sin asiento en el Senado. Por parte de Más País, Carolina Bescansa, cabeza de lista de A Coruña, no vuelve al Congreso.

9. Los independentistas catalanes, más fuertes que nunca

Los partidos nacionalistas catalanes tienen más diputados que nunca, superando el récord que marcaron el 28 de abril. La suma de ERC (13 escaños), Junts per Catalunya (8) y la CUP (2) conforma 23 escaños, uno más que el 28-A sin la CUP. Aun así, los partidos independentistas siguen sin conseguir el 50% de los votos en Cataluña.

Ya que estás aquí…

… El PSOE ha vuelta a ganar, pero no cumple las expectativas que se había marcado.

… Los populares pasan de 66 a 88 escaños, aunque el partido de Santiago Abascal le supera en Murcia y cuatro provincias andaluzas.

… Albert Rivera ha convocado un congreso extraordinario de su partido por la debacle electoral, después de que su formación haya perdido 47 escaños y más de dos millones y medio de votos.

… Consulta aquí los resultados al detalle, a nivel nacional, autonómico, provincial y municipal.

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Cómo el polvo de momia resultó ser idóneo para pintar la piel humana de forma realista

Cómo el polvo de momia resultó ser idóneo para pintar la piel humana de forma realista

SERGIO PARRA

Durante el siglo XVI, los pintores solían adquirir una sustancia oscura y macabra que les permitía pintar la piel humana en sus cuadros con más viveza que cualquier otro pigmento. Era la reducción en polvo de momias egipcias, cuyo contrabando se remonta en Occidente a los tiempos de as Cruzadas.

La llamaban “carnemonía”, por su origen tétrico, y su éxito fue aumentando a lo largo del tiempo, incluso comercializándose como fármaco para ingerir u oler, de forma parecida al tabaco.

Carnemonía

Giovanni Paolo Lomazzo, uno de los teóricos del arte más importantes del siglo XVI, sostenía que el polvo de momia molido era un excelente pigmento para pintar las sombras de la carne, quizá porque procedía de la misma carne, la de los antiguos egipcios.

Por eso no es extraño que la leyenda cuente que Tintoretto estuviera dispuesto a pagar más por un poco de este polvo que por el exclusivo lapislázuli, y que la magia de este pigmento le permitiría convertirse en un pintor inmortal.

Obtener el colo de la piel humana no es tarea fácil, tal y como explica Riccardo Falcinelli en su libro Cromorama:

Cuando se pinta una figura humana, lo más importante para construir una sombra creíble son las relaciones tonales que se instauran entre las zonas claras y las oscuras; debe parecer que los tonos oscuros retroceden y los luminosos avanzan hacia nosotros. Las sombras son básicamente un fenómento óptico que se puede obtener con cualquier pigmento que sea oscuro y terroso (…) pero están convencidos de que el preparado egipcio confiere a la pintura un mérito adicional, no visible en el cuadro, pero prodigioso.

La Libertad guiando al pueblo, la obra más famosa de Eugène Delacroix, es quizá una de las más famosas que se dice que se pintó con pigmentos de polvo de momia. La podéis ver a continuación

 Artistas Europeos Pintaron Con Momias Sus Obras Maestras 770x413

Con todo, muchos pintores han usado el marrón momia sin saber realmente que procedía de momias. Se cuenta, por ejemplo, que el escritor Rudyard Kipling charlaba con dos pintores prerrafaelitas en la década de 1980: su tío, Edward Burne Jones, y Lawrence Alma Tadema. Después que Alma Tadema informara a su colega que el marrón momia estaba hecho con momias, el horrorizado Burne Jones fue a buscar el tubo de pintura que tenía en su estudio y lo sepultó en el jardín.

Es probable que el uso de momias como pigmento derivara de un uso más inusual: como remedios. Desde los inicios de la época medieval, los europeos aplicaban e ingerían pócimas de momia para curar cualquier cosa, desde ataques epilépticos hasta padecimientos estomacales.

El uso de las momias con fines médicos fue fruto de una confusión lingüística. En la Antigüedad los persas comerciaban con betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían propiedades saludables, y al que se conocía en su idioma como “mummia”. Cuando los mercaderes orientales contemplaron por vez primera la momias egipcias descubrieron con satisfacción que estaban recubiertas por betún, es decir, por “mummia”. Realmente las momias estaban revestidas con unas resinas especiales, bastante similares al betún, cuya función era mantener en buen estado la momificación.

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Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

La leyenda cuenta que disfrazó a decenas de sifilíticos con trajes turcos para que extendieran una plaga en el campamento turco de Mehmed II

Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

Manuel P. Villatoro

El Conde Drácula es un vampiro clásico en la literatura. Pocos habrá que no hayan oído hablar en alguna ocasión de la obra del escritor Bram Stoker. El personaje real que hay tras la leyenda es, sin embargo, más interesante si cabe. Vlad III, hijo del soberano del principado rumano de Valaquia, pasó a la historia como Tepes (traducido como «el empalador») por su obsesión por asesinar a sus enemigos clavándoles en una pica. Aunque era su método predilecto, tan real como eso es que -para aterrorizar a los turcos, que invadieron su reino en 1462– expuso los cadáveres de presos desollados y descompuestos frente a las tropas del sultán Mehmed II.

Su cruel imaginación le llevó también (según algunos autores) a enviar al campamento otomano a un grupo de infectados de sífilis lepra para que expandieran su mal entre el ejército enemigo.

Es difícil saber de dónde le venía a Vlad esa macabra imaginación. Aunque es probable que ese resentimiento naciera en 1442, año en el que su padre (apodado Dracul -demonio-) le envió (junto a su hermano Radu) a vivir bajo la tutela del sultán turco Murat II, entonces su aliados contra los húngaros. Con la ayuda de los musulmanes asesinó a su progenitor y logró hacerse con la poltrona de Valaquia en 1448. Pero su ambición le impidió mantenerse fiel y, poco después, se enfrentó a ellos durante más de una década. Durante ese tiempo demostró su barbarie al acabar, según se cree, con hasta 100.000 personas mediante el cruel empalamiento. Estas triste técnica le gustaba tanto que solía agasajar a los dignatarios extranjeros con grandes banquetes rodeados de cadáveres en picas.

Ataque biológico

Pero, aunque el empalamiento siempre fue el método de tortura y guerra psicológica preferido por Vlad III de Valaquia, no fue el único que puso en práctica. En las crónicas de la época (la mayoría, elaboradas después de su reinado, todo sea dicho) se afirma también que hervía a personas vivas y desollaba a cientos de sus víctimas para escarmiento público. Incluso se baraja la posibilidad de que fuera uno de los precursores de la misma guerra quimica que, a la postre, utilizarían los británicos contra los nativos americanos en el siglo XVIII e inauguraron de forma oficial los franceses -a gran escala- mediante los ataques con gas de cloro contra los búnkers enemigos en la Primera Guerra Mundial.

La presunta guerra biológica de Vlad III fue mucho más rudimentaria y se dio durante la guerra que mantuvo contra los invasores turcos en el siglo XV. Así lo afirma, al menos, el arqueólogo e investigador Matthew Beresford en una de sus primeras obras, «From Demons to Dracula: The Creation of the Modern Vampire Myth». En la misma (publicada en 2008 y replicada a la postre por otros tantos autores) se especifica que Draculea («hijo de Dracul», como también se le conocía) utilizó al pueblo valaco para tender una trampa a sus enemigos. «Usó a aquellos que estaban infectados con sífilis,tuberculosis o lepra, les vistió como otomanos y les ordenó que se internaran en los campamentos enemigos para infectarles», explica en la mencionada obra.

Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

En España, el historiador y periodista Jesús Hernández (autor del blog «¡Es la guerra!» y de una infinidad de libros sobre nuestro pasado) ha recogido también esta posibilidad en su obra «¡Es la guerra, las mejores anécdotas de la historia militar!». Según el experto, Vlad reunió a «tuberculososleprosossifilíticos y demás enfermos contagiosos que habitaban su reino», les proporcionó vestimentas turcas y «los infiltró tras las líneas enemigas» para que extendieran sus males. «Se les dijo que, por cada uno que muriese, ellos recibirían una recompensa», desvela. Aunque, para demostrar su éxito, estaban obligados a regresar con el turbante del soldado otomano fallecido.

¿Fue efectiva la treta? Según ambos expertos, es difícil saberlo. Aunque Beresford especifica que el problema de esta última técnica es que estas curiosas «bombas biológicas» deberían haber infectado a un número exagerado de soldados enemigos para que la diferencia fuese palpable. Además, si se hubiera producido un brote de una de esas enfermedades (destacando sobremanera la lepra) habría quedado constancia en los escritos por su importancia. En el caso de la sífilis la idea es todavía más extraña, ya que se puede convivir con ella años hasta que empieza a provocar problemas severos como ceguera parálisis. Aunque eso no impide que la rocambolesca idea fuese real y se llevase a cabo.

Ninguna de las referencias, eso sí, habla del año en el que se pudo producir esta mascarada. De lo que podemos estar seguros es de que una de las formas en las que se habría extendido la sífilis es mediante transmisión sexual. Así lo afirma el «Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades» en su página web: «Se puede contraer sífilis mediante el contacto directo con una llaga de sífilis durante las relaciones sexuales anales, vaginales u orales. Las llagas se pueden encontrar en el pene, la vagina, el ano, el recto o los labios y la boca. La sífilis también puede propagarse de una madre infectada a su bebé en gestación».

Mehmed II
Mehmed II

El medievalista Florin Curta (autor, entre otras tantas obras, de «Eastern Europe in the Middle Ages, 500-1300») no hizo referencia a esta posible táctica en una entrevista que trataba en profundidad la figura de Vlad en la revista especializada «Live Science». El experto sí hace referencia, por el contrario, a un episodio parecido en el que Vlad disfrazó a un grupo de sus más versados soldados como turcos para que penetraran en el campamento otomano y acabaran con la vida del sultán Mehmed II. No lo lograron, pero sí generaron un caos tal como para que los invasores se mataran entre ellos durante horas al considerar que sus compañeros eran unos traidores y habían traicionado a su líder.

En todo caso, este episodio parece una ironía. Y es que, se sospecha que el autor que creó Drácula (Bram Stoker) pudo morir aquejado de sífilis. Así lo sugirió su sobrino en una biografía sobre el escritor publicada en 1975; obra en la que explicaba que el certificado de defunción especificaba que la causa del fallecimiento pudo ser «ataxia locomotora de seis meses» (un eufemismo para no desvelar el verdadero nombre de la enfermedad de transmisión sexual a la prensa). No obstante, la verdad es que existe todavía cierta controversia en relación a las causas por las que abandonó este mundo.

Encerrado y asesinado

Vlad resistió, en primer término, la embestida turca mediante una mezcla de valor y guerra psicológica. El ejemplo más clamoroso de esta última se dio en 1462, cuando Mehmed II llegó hasta la ciudad de Targoviste en su avance hacia el corazón de Rumanía. En las cercanías de la urbe, a orillas del Danubio, se encontró con miles de estacas (las fuentes más exageradas afirman que unas 20.000) en la que había empalados otros tantos presos turcoshúngarosrumanos búlgaros. En los palos más altos había ubicado a los nobles. La visión de los cuervos comiendo la carne de los fallecidos estremeció a los invasores hasta tal punto que los cronistas dejaron constancia de la escena sin omitir detalle.

Ese mismo año, sin embargo, la aristocracia alzó hasta el poder a su hermano, Radu el Bello, como monarca de Valaquia. En ese punto comenzó una nueva guerra, ahora, contra uno de sus familiares. «En noviembre 1462, tras haber combatido contra su hermano y agotado sus recursos, fue arrestado por Matías Corvino [rey de Hungría]», explica Antonio Contreras en «De Vlad III, príncipe de Valaquia, a Vladislaus Szeklys, historia y leyenda». Pasó los siguientes años encarcelado.

Vlad Tepes
Vlad Tepes

Según Hernández, durante este tiempo no perdió su pasión por empalar, aunque lo hizo con los ratones y los pájaros que entraban en su celda. «Sin embargo, en 1475, el rey magiar consideró que, ante la amenaza turca, Vlad era más útil fuera que dentro de la prisión», añade el autor español. De esta forma, fue liberado para que se enfrentara, una vez más, a los otomanos.

Aunque logró detener, de nuevo, el avance otomano, Vlad fue traicionado en la Navidad de 1476 y asesinado, de forma presumible, por la espalda. En la actualidad se desconoce quién fue su verdugo, aunque se sospecha que habría sido enviado por el sultán. Su cuerpo sin vida fue enterrado en un convento cerca de Bucarest. «Aunque algunos lo consideran un héroe de la resistencia rumana frente a la expansión turca, de lo que no hay duda es de que, gracias a su desmedida crueldad, se ganó para siempre un lugar destacado en la historia de la infamia», añade el historiador español en su obra.

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País de crédulos

El espíritu crítico se le resiste a los mexicanos a pesar de haber sido defraudados una y otra vez

ANTONIO ORTUÑO

Un niño en un rancho de Chihuahua, al norte de México.
Un niño en un rancho de Chihuahua, al norte de México. CARLOS JASSO REUTERS

El escritor Jorge Ibargüengoitia recordaba que, en su juventud, cuando formaba parte de los scouts, recorrió durante una semana una brecha en la que él y sus compañeros debían abrirse paso a machetazos, aunque en el mapa oficial la ruta se encontraba marcada como una carretera entre Apatzingán y Zihuatanejo, en Guerrero. Pero no había tal carretera en la realidad. Reflexionaba Ibargüengoitia que la explicación de ese disparate quizá era que al elaborador del mapa lo había engatusado un funcionario. “¡Pero, ingeniero, si esa carretera ya está en proyecto! ¡Dela por hecha! Si no, su mapita se le queda anticuado recién salido de la imprenta”. Los mexicanos, como se ve, tenemos un largo historial de credulidad.

Somos una ciudadanía provista de una buena fe inmensa. Y aunque haya sido defraudada una y otra vez, el espíritu crítico se nos resiste. Confiamos y confiamos. Hemos dejado de creerles a algunos después de comulgar por años con sus ruedas de molino, sí, pero el precio ha sido creerles a otros que tenían listas sus propias ruedas.

Por promesas, eso sí, no quedamos. Quizá los lectores de cierta edad recordarán que el presidente José López Portillo aseguró que su Gobierno iba a “administrar la abundancia” (la que parecía que iba a producir el alza de los precios del petróleo en su época) y estableció en su Plan Nacional de Desarrollo que la economía, durante su sexenio, crecería a razón de 10 % anual. Pero la realidad es poco afecta a respaldar planes basados en coyunturas frágiles y sucedió algo muy diferente. Los precios del petróleo se derrumbaron, el crecimiento no llegó al 2 % anual y la inflación se disparó. Lo que hubo que administrar fue una crisis morrocotuda.

Así ha sucedido con los principales compromisos de nuestros políticos. Carlos Salinas prometió, a finales de los años ochenta, que su “modernización” nos sacaría del Tercer Mundo. Pero su periodo, se sabe, acabó entre asesinatos políticos y un levantamiento en Chiapas. Y la inestabilidad resultante propició el crack económico que le heredó a su sucesor, Ernesto Zedillo. Vicente Fox, por su lado, el primer presidente no surgido de las filas del PRI en decenios, prometió que resolvería en quince minutos el conflicto de Chiapas. Cosa que, como sabe cualquiera, no sucedió. Ni en quince minutos ni en seis años de gobierno. Tampoco se llegó a cristalizar el ambicioso acuerdo migratorio con EU y Canadá que tanto buscaba y tanto presumió.

Su sucesor, Felipe Calderón, hizo una campaña basada en el empleo, pero una vez en el cargo cambió de prioridades y se concentró en el tema de la seguridad. Prometió erradicar al crimen organizado. Pasó exactamente lo contrario: su estrategia de declarar la “guerra” estuvo directamente relacionada con el estallido de hiperviolencia que, a partir de su mandato, no ha dejado de crecer. Miles de muertos después, los grupos delictivos ahí siguen, tan campantes.

¿Y qué decir de las “reformas estructurales” que ofreció hacer Enrique Peña Nieto y que, otra vez, garantizarían la modernización del país? Su reforma educativa no fue sino un intento de imponer controles laborales a los sindicatos de maestros y solo provocó un conflicto social. Su reforma energética, con la que presuntamente bajarían los precios de los combustibles y los servicios de energía, funcionó tan bien que los precios subieron. Y, bueno, su compromiso de reformar la administración pública murió entre disculpas por los escándalos de tráfico de influencias, favoritismos y repentinas mansiones dejadas a precio de saldo por contratistas a altos funcionarios y al mismo Peña Nieto.

El actual presidente López Obrador también hizo una campaña basada en promesas: básicamente, remediar todos y cada uno de los males del país. La pobreza y la desigualdad, la hiperviolencia, la corrupción. Y bueno, a unos días de que se cumpla su primer año en el poder, no hay demasiados logros para presumir. El crecimiento se estancó (estamos en el cero estadístico), la violencia está fuera de control y hay más homicidios que nunca, las cifras de empleo no son buenas, menudean episodios que hablan muy mal de la renovación moral ofrecida (el expediente Bartlett, la gubernatura “alargada” de Baja California, el aumento de las asignaciones directas)… A pesar de ellos, todavía hay millones de personas en México que esperan que, ahora sí, todo mejore. Son los hijos y nietos de los que esperaron, en vano, que les cumplieran a ellos. Lo nuestro es la fe.

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Sánchez y la novena ley de Murphy

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Como todo lo que puede salir mal, sale mal, la tostada de la repetición electoral le ha caído a Pedro Sánchez por el lado de la mantequilla y nos ha dejado la alfombra con una mancha de ultraderecha que será muy difícil de eliminar, si es que alguna vez se logra. Lo de nuestro galán de la Moncloa no tiene disculpa porque estaba avisado él y el maquiavelito que le hace de edecán y le vende el crecepelo. Como decía Pablo Iglesias, que también se ha lucido, se duerme peor con 52 diputados de Vox que con ministros de Podemos en el Gobierno. Lo imperdonable de todo esto es que haya logrado contagiar el insomnio a tres cuartas partes del país.

Las elecciones del domingo no sólo han sido un drama para Rivera, que anoche sugería que se iba sin irse, en la línea habitual de girar a lo loco sobre su propio eje. Al veleta de Ciudadanos se le ha desplomado la torre del campanario y no le queda otra que hacer mutis este mismo lunes sin demora. Su responsabilidad política no se circunscribe a Ciudadanos sino que cabe atribuirle una importancia decisiva en la efervescencia de la extrema derecha, a la que ha dado de comer de su mano hasta ser devorado por la bestia. Ha sido además el mamporrero de un PP que hoy respira gracias a su estulticia. Cuando finalmente se oficie su funeral no faltará una corona con una banda morada en la que se lea aquello de ‘Albert, la derecha no te olvida’.

Como se decía, todos se han dejado jirones menos las huestes de Don Pelayo, a los que les hemos hecho el traje y con lo que sobraba una rebequita, y el independentismo al que se quería contener. Ha perdido el PSOE, que con sus cálculos partidistas ha regalado su mayoría absoluta en el Senado y ha provocado que hoy España sea mucho más ingobernable que ayer; ha fracasado Unidas Podemos, que en algún momento tendrá que preguntarse por qué no deja de retroceder en cada convocatoria y por qué el bloqueo le ha girado una factura más elevada que a los socialistas; lo ha hecho también el PP, que limita su subida a recoger los restos del naufragio de Rivera y que ve por estribor cómo su hijo pródigo no surca el mar sino vuela a su encuentro con el cuchillo entre los dientes; y fracasa Errejón, que dice haber plantado una semillita pero vete a saber tú cómo le crece el geranio.

La gran derrotada es la izquierda, pero no sólo porque el bloque se deja siete escaños mientras la derecha avanza dos. Los resultados afianzan, esta vez sí, la posibilidad de una gran coalición entre PSOE y PP ante el temor de otra repetición electoral que ninguna democracia seria puede permitirse. Casado ya dejó la puerta abierta al explicar que estaba a la espera de lo que Sánchez planteara, mientras este se limitó a afirmar que la democracia convocaba a todos los partidos a actuar con generosidad para desbloquear situación. Su “sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista” no aleja esta posibilidad porque con el PSOE la experiencia demuestra que es progresista o de izquierdas todo lo que hace, desde bajar los impuestos a los ricos hasta pactar con el PP, como puede ser el caso. Es la novena ley de Murphy.

Formar Gobierno desde la izquierda requeriría no sólo que Sánchez e Iglesias se pusieran de acuerdo, lo que viene siendo casi un milagro, sino el concurso, ya sea por acción o por abstención de ERC, algo que, como ya advirtió en su día Gabriel Rufián, era posible en septiembre pero se torna complicadísimo tras la sentencia del procés. No sería descartable que Sánchez mandase al tinte su terno de españolazo y se enfundara el de federalista, pero es más complicado que los republicanos, con unas elecciones catalanas en el horizonte, acepten pasar por traidores ante la grey independentista.

El auge de Vox merece una reflexión aparte. Desmiente por un lado esa absurda premisa de que los españoles son sabios cuando votan y confirma que el discurso del odio tiene un público numeroso. Abascal, que puede ser facha sin ser completamente tonto, ya empezó en la campaña a hacer guiños a los votantes de izquierdas en un giro radical a su naturaleza neofranquista, católica y cañí. La ultraderecha europea encontró su gran nicho en las clases más populares, que son las más permeables a los mensajes de que los inmigrantes con los que conviven les quitan el trabajo y las ayudas sociales. En esa línea es en la que está ahora. Todo está inventado.

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