VIVIMOS BAJO UNA TIRANÍA DE GOCE QUE, PARADÓJICAMENTE, NOS IMPIDE DISFRUTAR LA VIDA

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LA PSICOANALISTA DE ORIENTACIÓN LACANIANA GEORGINA VORANO PROPONE EL TÉRMINO “PORNOILUSIÓN” PARA SEÑALAR EL IMPERATIVO DE GOCE QUE FOMENTA LA CULTURA CONTEMPORÁNEA, POR EL CUAL NOS SENTIMOS OBLIGADOS A DISFRUTAR TODO SIEMPRE

Desde la perspectiva de ciertos pensadores humanistas (por calificarlos de cierto modo), una de las características fundamentales de la cultura de nuestra época es la entrega a cierta forma de goce inconsciente que se fomenta sistémicamente, pues sirve a otros mecanismos sociales como la producción y el consumo de bienes y servicios, por ejemplo.

Esta palabra, goce, podría parecer desde cierta perspectiva ambigua, pues en el lenguaje común puede emplearse de diversas maneras, algunas de ellas incluso un tanto ingenuas (como sinónimo de placer, por ejemplo, o de disfrute), pero al menos en el caso de la psicología y el psicoanálisis, la noción de goce tiene implicaciones profundas y, de hecho, específicamente en el marco de los desarrollos teóricos elaborados por Jacques Lacan, el goce es uno de los opuestos directos del placer.

¿En qué sentido? En el hecho de que mientras que el “principio del placer” (conceptualizado por Sigmund Freud) se entiende como aquello en el ser humano que lo impulsa a buscar, a preguntarse, a trabajar en pos de su deseo y, en suma, a manifestar plenamente la energía de vida, el goce en cambio es aquella satisfacción que en apariencia nos brinda un cierto grado de disfrute pero que en el fondo es estéril, es decir, se agota en sí misma sin dar lugar a nada más.

La adicción al alcohol o a otras sustancias, por ejemplo, las tardes dedicadas a “maratones” de series o de películas, la “conquista” consuetudinaria de mujeres (u hombres) con el solo propósito de tener encuentros sexuales transitorios, la compra compulsiva de mercancías… en fin, la lista puede ser extensa, porque mucho de lo que el sistema nos ofrece “hacer” es en el fondo una forma de goce que, como decíamos, sirve a su vez a propósitos específicos del sistema social en que vivimos. Al respecto podemos citar este comentario que hizo Erich Fromm en ¿Tener o ser?:

Aquí sólo señalaré que, en lo que al ocio se refiere, los automóviles, la televisión, los viajes y el sexo son los principales objetos del consumismo actual, y aunque los denominamos actividades de los momentos de ocio, sería mejor llamarlos pasividades de los momentos de ocio. 

Aun en su brevedad, el matiz que Fromm desliza al final de su comentario es muy interesante, pues deja ver el carácter esencialmente pasivo del goce: aunque a primera vista parezca que al ver una serie, al salir de compras, al beber en exceso, etc., estamos haciendo algo, en realidad lo que sucede es que de algún modo estamos siendo usados, de ahí la pasividad que señala Fromm y que se refleja incluso en esta forma de conjugación del verbo, la voz pasiva. Podría decirse que siempre que usamos el disfrute como evasión de nuestra propia consciencia, estamos siendo usados de alguna manera por alguien más.

En ese sentido, la industria de la pornografía es desde hace tiempo una de las que mejor representan la producción de goce que caracteriza nuestra época. Además del hecho de que en la pornografía el sexo –en el sentido amplio del término– se convierte en mercancía, cabe destacar además que parte de su concepto gira en torno a una especie de  “imperativo de satisfacción” en donde el posible placer de un encuentro sexual se relega en favor de la compulsión a gozar. Bajo esta tiranía insaciable, la pornografía ha inventado formas cada vez más inimaginables de prolongar el goce (como si, además, tampoco estuviera permitido detenerlo).

Georgina Vorano, psicoanalista de orientación lacaniana, ha bautizado este fenómeno como “pornoilusión”, un concepto que ella define como

un neologismo que define la creencia de que las relaciones sexuales perfectas existen y que se muestran en las pantallas. No necesariamente en películas pornográficas, sino en filmes comerciales o incluso en el cine de autor. En consecuencia, uno puede sentir que no está a la altura de esos modelos.

Si bien la pornoilusión podría enfrascarse en términos eróticos, Vorano expresa que también impacta en las creencias que se generan culturalmente en torno al éxito personal, el estilo de vida socialmente permitido e incluso el aspecto físico esperado en una persona.

Fatiga y vacío, los efectos de la pornoilusión

Ante la búsqueda del placer extremo y perfecto las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, algunas consecuencias previsibles son la frustración, el cansancio y el aburrimiento, tanto en un sentido físico como emocional. Una mezcla de fatiga y vacío de vivir teniendo la obligación de disfrutar más y mejor. Dado que todo tiene que apasionarnos con locura, y la locura implica una cantidad desbordante de energía que no parece fácil tener en la forma de vida contemporánea.

Frente a ello, Vorano propone “recuperar momentos de silencio, de pausa, de vacío”, es decir, todo lo que la dictadura del placer trata de evitar. Porque así, sólo así, se puede encontrar “nuestras diferencias, lo más personal de cada uno”, ya que “la dictadura del placer nos produce en serie, homogéneos, impidiendo encontrar lo más personal de cada uno, el estilo.”

Conoce más sobre la propuesta de Vorano para lidiar con los efectos de la pornoilusión con el siguiente video: 

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También en Pijama Surf: La enfermedad de estar siempre ocupados, el gran mal de esta época

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Las aves se están encogiendo pero sus alas se están haciendo más grandes debido al cambio climático

Las aves se están encogiendo pero sus alas se están haciendo más grandes debido al cambio climático

SERGIO PARRA

El fenómeno fue “sorprendentemente” consistente en una variedad de especies de aves, según los autores de un nuevo estudio. El autor principal, Dave Willard, tomó las medidas de las 70.716 muestras de aves en este estudio y las registró a mano en libros de contabilidad como el que podéis ver en la cabecera de esta entrada.

Esta foto muestra uno de los libros de contabilidad de Willard, sus herramientas de medición y una curruca de Tennessee. La correlación que ha establecido es que los pájaros están encogiéndose de tamaño, pero sus alas son más grandes. Y que esto se debe al cambio climático.

Fenómeno morfológico

En 1978, David Willard, un ornitólogo del Field Museum de Chicago, comenzó a recolectar aves que habían muerto después de chocar con las ventanas. A lo largo de los años, Willard trabajó con voluntarios para reunir una colección de más de 100.000 especímenes. Mantuvo mediciones meticulosas de las criaturas muertas, con el objetivo de rastrear las tendencias estacionales.

El nuevo estudio analizó 70.716 especímenes individuales, que representan 52 especies de aves, que se habían recolectado entre 1978 y 2016.

En un nuevo análisis estadístico de este vasto tesoro de datos, Willard y sus colegas investigadores hallaron una tendencia significativa: los cuerpos de las aves en las colecciones del Field Museum se han vuelto más pequeños, mientras que sus envergaduras han aumentado de tamaño, un fenómeno morfológico que los científicos atribuyen al cambio climático.

Concretamente, descubrieron que el hueso de la pata inferior de las aves, un indicador común del tamaño del cuerpo, se redujo en un 2,4 por ciento en todas las especies. La masa de las aves también disminuyó, pero su envergadura aumentó en un 1,3 por ciento.

Los investigadores observaron varios factores que podrían estar impulsando estos cambios, entre ellos la temperatura, las precipitaciones y la vegetación en las zonas de reproducción e invernada de la especie. Encontraron una relación inversa entre el tamaño del cuerpo y la temperatura del verano. Según explica Benjamin Winger, coautor del estudio y biólogo evolutivo de la Universidad de Michigan:

En los años en que las temperaturas eran un poco más frías, vimos un aumento en el tamaño del cuerpo, a pesar de que la tendencia a largo plazo era disminuir. Entonces eso nos lleva a creer que la temperatura es bastante importante aquí.

Esta no es una idea completamente nueva. Dentro de una especie determinada, los individuos que viven en climas más cálidos tienden a ser más pequeños que sus contrapartes en áreas más frías, porque los cuerpos pequeños retienen menos calor, un principio conocido como la Regla de Bergmann. Los científicos sospechan que el aumento de las temperaturas puede estar haciendo que las aves se vuelvan más pequeñas, lo que a su vez las ayuda a mantenerse frescas.

https://www.xatakaciencia.com/cambio-climatico/

Los Piccard, la familia que conquistó el cielo y descendió a las entrañas de la Tierra

Durante cuatro generaciones, los miembros de esta saga han sido pioneros en vuelos aerostáticos, con batiscafos y aviones propulsados por energía solar

Auguste Piccard con su esposa e hijas, en 1931
Auguste Piccard con su esposa e hijas, en 1931 – Wikipedia

Pedro Gargantilla

En la Universidad de Basilea impartió docencia Jules Piccard (1840-1933), un químico helvético que centró sus investigaciones en el estudio de la cantaridina y en el peso atómico del rubidio. Una trayectoria profesional que nos va a parecer pueril cuando conozcamos la trayectoria profesional de sus descendientes.

Uno de sus hijos fue Auguste (1884-1962) que, siguiendo la estela de su padre, se decantó por las ciencias y llegó a ser catedrático de Física de la Universidad de Bruselas. Fue un científico reputado, que se codeó con los «grandes» del momento, como Albert Einstein y Marie Curie.

Auguste ha pasado a la historia, entre otras muchas cosas, porque en 1931 viajó en una cápsula presurizada hasta casi los 16 kilómetros de altura. Un viaje estrictamente científico con el que intentaba cerrar sus años de estudio dedicados a los rayos cósmicos.

Auguste fue la primera persona que pudo comprobar con sus propios ojos la curvatura terrestre, además de ser el primero en utilizar una aeronave presurizada. Parece ser que encargó el diseño de la misma a una fábrica de toneles de cerveza.

El viaje lo hizo en compañía de su ayudante, Charles Kipfer, y el punto de partida elegido para esta gesta fue Augsburgo (Alemania). Después de completar las observaciones intentaron sin éxito descender, flotando sin control durante más de quince horas sobre Italia, Austria y Alemania.

Cuando ya se les daba por muertos fueron rescatados en el glaciar de Gurgl, en los Alpes austriacos, a más de 1.900 metros de altitud. Como sentenció un periodista coetáneo, la historia de la aventura supera la ficción.

Profesor Tornasol

Auguste vivió la mayor parte de su vida en Lausana, en donde era fácil reconocerle por su aspecto desgarbado, frente despejada, un enorme mostacho y gafas de montura redonda.

Con esa guisa Auguste inspiró un personaje inolvidable del cómic, un simpático sabio de afilada perilla, cabeza en forma de bombilla, sordo como una tapia y enormemente despistado. En 1944 el belga Hergé incorporó a Auguste, bajo el pseudónimo de profesor Silvestre Tornasol, al universo de Tintín.

El percance estratosférico no fue óbice para que Auguste viajase en veintiséis ocasiones más hacia la conquista de los cielos, en alguna de ellas con su mujer, que realizaba las tareas de fotógrafo. En 1937 decidió cambiar el ámbito de estudio y apuntar hacia las entrañas de la Tierra, aplicando a la inversa los principios del globo aerostático construyó por vez primera un submarino al que bautizó como batiscafo.

Jacques Piccard el el submarino «Trieste» durante la inmersión de 1960
Jacques Piccard el el submarino «Trieste» durante la inmersión de 1960

Descenso a las fosas Marianas

El relevo en las investigaciones oceanográficas lo tomó su primogénito Jacques (1922-2008). A comienzos de 1960, junto con su ayudante Don Walsh, consiguió descender hasta los 10.916 metros, en el extremo suroeste de la fosa de Las Marianas.

Jacques se acercó a lo más parecido al Averno, un lugar a más de mil atmósferas de presión, absoluta oscuridad y a cuatro grados centígrados.

El hijo de Jacques, y ya estamos en la cuarta generación, se llama Bertrand (1958), estudió medicina y llegó a ejercer la especialidad de psiquiatría pero, como sus antepasados, el alma de Ícaro no tardó en florecer.

En 1999 protagonizó una gran hazaña al dar la vuelta al mundo a bordo de un globo aerostático, aquella aeronave con la que sus abuelos llegaron a la estratosfera. En el 2015 inició una aventura mucho más temeraria: dar la vuelta al mundo a bordo de un avión solar.

Bertrand Piccard
Bertrand Piccard – AFP

La aeronave fue bautizada como “Solar Impulse II”, en ella Bertrand, junto con André Borschberg, consiguieron completar la vuelta a la Tierra en diecisiete escalas, un viaje que se prolongó dieciséis meses y con una velocidad media de cuarenta kilómetros a la hora.

¿Con Bertrand se pone fin a la saga de los Piccard? Me gustaría pensar que no… que a los genes de esta peculiar familia les quedan muchos retos por conquistar.

https://www.abc.es/ciencia

Greta y los Garbo

Esa cultura del espectáculo que lo rige todo, amenaza con destruir este mundo tanto o más que el cambio del clima

JULIO LLAMAZARES

Greta Thunberg a su llegada a la Cumbre del Clima.
Greta Thunberg a su llegada a la Cumbre del Clima. JUAN CARLOS HIDALGO EFE

La desdicha de los tiempos me obligará a escribir de forma novedosa una vez más…”. Así empieza Guy Debord su Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (Editorial Anagrama), continuación de su obra más conocida, La sociedad del espectáculo, en la que diseccionaba con cruel inteligencia la necesidad del mundo contemporáneo de lo espectacular para reparar en alguien o en algo. Da igual que sea importante o no, la sociedad de hoy necesita del espectáculo para vivir como las personas de los alimentos.

La trayectoria de la activista Greta Thunberg se enmarca en esa idea de Guy Debord de que sin lo espectacular, una idea noble a priori como es la concienciación sobre los efectos de la actividad humana sobre el clima del planeta y las consecuencias del cambio de éste para las personas no habría calado en la sociedad por más que muchos científicos hayan venido alertando desde hace tiempo de esa situación. Que una adolescente (lo de menos es si dirigida por su familia o no, si con afán de protagonismo o no, si con problemas de salud mental o no, si con intereses económicos o idealistas) se haya convertido en la adalid de una lucha que pretende nada más y nada menos que la salvación del mundo, en lugar de que lo sean los científicos que desde hace años estudian la climatología, da qué pensar sobre esa necesidad de la sociedad de convertirlo todo en espectáculo, da igual que sea trascendental para su supervivencia o se trate de una simple moda. La llegada ayer de la chica a Madrid después de un viaje en barco desde América y en tren desde Lisboa (en el que la acompañaron docenas de periodistas de todo el mundo, como si fuera una estrella del rock o del cine), así como su multitudinario recibimiento en la estación madrileña de Chamartín, tomada por más periodistas y por la Policía, para participar en la Cumbre del Clima que se celebra estos días en la capital española, hace pensar en la estupidez general de la sociedad occidental (la otra me temo que no se ocupe de estas cosas, preocupada como está de comer todos los días) más que en una verdadera concienciación sobre lo que defiende esta nueva versión del personaje de Pipi Calzaslargas que desde Suecia invadió también las televisiones mundiales hace años convertido, como Greta, en un icono del inconformismo y la libertad adolescentes. Aunque a mí la chica me recuerde más (con todos mis respetos para ella, pues tampoco entiendo la animadversión que suscita en parte de esa misma sociedad del espectáculo, que la descalifica con todo tipo de insultos y acusaciones, como denunciaba ayer en estas mismas páginas la periodista Berna González Harbour) a aquel grupo musical de los noventa, Greta y los Garbo, que jugaba con el glamur y la fama de otra sueca, la legendaria actriz de Ninotchka, de Lubitsch. Nadie recuerda ya sus canciones, pero sí su nombre y su estética (tres chicas guapas, hermanas, tocando sobre el escenario), y el impacto que tuvo en su momento en una sociedad, la musical, tan necesitada de espectáculo como la televisiva.

Convertir el mundo en una falsificación, hacer desaparecer el conocimiento histórico y eliminar la autonomía científica son para Guy Debord las claves de esa cultura del espectáculo que lo rige todo y que amenaza con destruir este mundo tanto o más que el cambio del clima. Pero de eso no se preocupa ninguna Greta.

https://elpais.com/

El engaño de la Constitución

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Hoy, que se conmemora el 41 aniversario de la Constitución de 1978 se han escuchado las declaraciones más falsas y aduladoras hacia la Constitución, de todos los tiempos, por parte de los comentaristas y políticos de la izquierda. Hemos oído al ínclito Nicolás Sartorius, antaño sindicalista, creador de CCOO, prisionero de la dictadura, dirigente del Partido Comunista de España, afirmar que esta Constitución es la mejor que hemos tenido en nuestra historia y que nos ha traído el más largo periodo de paz de todos los siglos. Ya sabemos que después de aquella militancia, que no sé si supo nunca lo que significaba, Sartorius pasó a ser de los escogidos del PSOE y encontró el acomodo de su vida. Otros más también lo hicieron. Y ninguno tiene el valor de aceptar  que  en aquel momento trascendental, cuando se moría Franco y la dictadura se iba liquidar por los poderes europeos y transnacionales, los dirigentes de izquierda  decidieron que no cabía más que la rendición incondicional.

Con la derrota de la República llegó también la derrota de la Transición. Si no nos obligaron a aceptar una Constitución peor fue porque nacía un Movimiento Feminista no pervertido todavía y aún quedaban los restos de un Movimiento Obrero que imponía miedo, y que tanto Sartorius como otros dirigentes se encargaron eficazmente de domesticar enseguida  con los perversos Pactos de la Moncloa del 27 de octubre de 1977. A partir de ese momento quedó en la irrelevancia la oposición de izquierda y anulada la reclamación de la República.

Resulta infame que se diga que la Constitución de 1978 es la mejor posible. Una Constitución que después de tres años de Guerra Civil y 40 de dictadura exterminadora para liquidar no sólo el régimen republicano legítimo sino también los partidos políticos, los movimientos sociales, la universidad, la ciencia, la investigación y el feminismo, acepta la Monarquía, es una Constitución ilegítima.

Ya se está sabiendo que cuando Adolfo Suárez investigó la aceptación que tenía la Monarquía en España únicamente resultó favorable a ella el 5% de los encuestados. Por ello no se convocó un referéndum sobre el tema y no se volvió a averiguar qué opinión tenía la ciudadanía. Únicamente la rendición del PSOE, del Partido Comunista y del Movimiento Sindical permitió que se aceptara la Monarquía sin más oposición que la que mostramos las organizaciones republicanas, acallado el pueblo por los dirigentes políticos de izquierda.

Es falso que en ese momento hubiese peligro de golpe de Estado. Ni el Capital ni el Ejército ni siquiera la Iglesia acunaba semejantes intenciones. No iban a poner en peligro la vida regalada de que estos poderes habían disfrutado durante cuatro décadas. El franquismo concedió una buena parte del sector industrial al Ejército, apoyó y financió a la patronal y le dio la casi exclusiva de la educación y de la ideología dominante, así como los medios de comunicación, a la Iglesia. Durante cuatro décadas todos los poderes vivaquearon en paz, disfrutando de prebendas, beneficios y enorme prestigio y protagonismo. ¿Y estos poderes iban a poner en peligro todo ello por el remoto éxito de una nueva contienda, con sus víctimas y pérdidas, que al final les proporcionara lo que ya tenían?

Las amenazas continuas con que el PCE asustaba a sus militantes y votantes eran un chantaje que aceptaron sus fieles y seguidistas militantes y creyeron los sectores asustadizos de la sociedad, todavía conmocionados por el genocidio de la Guerra Civil. Pero en la realidad lo que había era lo que fue: el contubernio entre la derecha, la patronal, la OTAN y el Mercado Común para situarnos en el centro de los intereses de EEUU. Y semejante plan, urdido mucho antes de la muerte del dictador, fue aceptado cobardemente por el PCE. (Ver mi última novela El Honor de Dios)

Que no nos mientan más los comentaristas, políticos y creadores de opinión de la izquierda, porque para mentir ya tenemos a la derecha. Ni había peligro de golpe de Estado ni la Monarquía era aceptable ni el Movimiento Obrero tenía que someterse a la patronal. Pero todo eso se hizo, con la dirección del Departamento de Estado de EEUU, el apoyo logístico del SPD alemán y la complicidad del PCE y CCOO. Y así están hoy ese partido y ese sindicato.

Si hacen falta más pruebas para demostrar la estrategia suicida que siguieron no hay más que comprobar el estado ruinoso del partido, el desprestigio del Sindicato y su mísera afiliación y todas las consecuencias que se han seguido: las reformas laborales que incluyen el permiso para despedir a los trabajadores enfermos y a las mujeres embarazadas, la Ley Mordaza, los desahucios, que se producen en cadena, de los trabajadores más pobres, un millón más de mujeres en paro que hombres, la brecha salarial femenina del 30%, un centenar de feminicidios anuales, la irrelevancia del feminismo en los órganos de poder,  una juventud tan mal preparada que hemos perdido puntos en matemáticas y lengua en este último informe PISA, la desindustrialización del país condenados a vivir del turismo,  y el celérico aumento de la desigualdad y la pobreza, mientras las clases dominantes: aristocracia y burguesía, son cada vez más ricas y disponen de todos los recursos del país. Mientras el complejo militar industrial hace su agosto con la fabricación y venta de armamento que tenemos la desvergüenza de venderle a Arabia Saudí.

De todo ello son autores los dirigentes de las multinacionales con la complicidad de la burguesía nacional y el beneplácito de la UE que sigue fielmente las consignas del Departamento de Estado de EEUU. Pero el arquitrabe que sostiene todo el edificio, el elemento de cohesión y de legitimación, que dispone de la mejor campaña de publicidad, es esta Monarquía que nos oprime desde hace 300 años y de la que tan trágica y tristemente ha intentado liberarse el pueblo español en tres y continuadas guerras en los siglos XIX y XX.

Así hemos llegado hasta estos tiempos tan confusos, mediocres, pusilánimes, chaqueteros y traidores, en que la izquierda atomizada en cien sectas, temblorosas, está pensando y conspirando únicamente para conseguir rendimiento de cada uno de sus pasos. Por eso es posible que Pablo Iglesias afirme que «Creo que la monarquía no está en crisis, y lo dice un republicano». Y también ha reconocido «que sentó bien en Cataluña, aunque no todos lo reconozcan, escuchar a Leonor, que aspira a ser jefa del Estado, hablando en perfecto catalán. Ya ves tú, no es para tanto. No creo que la hayan tenido que adoctrinar en una escuela catalana». Ni a más podía llegar esa señorita Leonor ni a menos la izquierda española.

Ya tenemos otra tendencia de izquierda monárquica. Un oxímoron que parece mentira que no les de vergüenza defender.

Lo más grave es que una parte de la ciudadanía española no sabe que esa estrecha alianza entre el Capital, la Iglesia y la Monarquía, dirigidas por la OTAN y los poderes que la constituyen, les cuesta la sanidad, la educación, la asistencia social, la vivienda, la electricidad, los transportes, la seguridad, la justicia y hasta la supervivencia como comprueban tan trágicamente cada día las víctimas de la violencia machista.

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