Saber es poder

Selva de varia opinión: Grafito de Alexámenos

De Byron son esas palabras: “sorrow is knowledge” que remiten al viejo Eclesiastés, “el que aumenta la ciencia, aumenta el dolor”. Francis Bacon dijo que “saber es poder”.
He comprobado con la experiencia que detrás de casi todas las vivencias humanas (ignoro hasta dónde llega ese “casi”) se esconde la decepción o un lado oscuro. Hay una seriedad en la vida que aumenta con la edad como una sombra se alarga al atardecer. Como el médico que calla un mal pronóstico para no lastimar al enfermo o como el sociólogo que pasea por un suburbio y conoce la miseria fatal de sus habitantes; las frías estadísticas del fracaso escolar, de la esperanza de vida más corta. En otros tiempos serían los generales del Estado Mayor que sabían que enviaban a la muerte a sus soldados en algún ataque insensato. El pueblo llano es un rebaño que se gobierna mejor si se le mantiene en la ignorancia. No vivimos en una época ilustrada. ¿Existió alguna vez? Me temo que no. Será un ideal inalcanzable.
El consuelo de los perdedores de esta vida es el poder igualatorio de la muerte, lo fútil de las grandezas humanas, la insignificancia de nuestro conocimiento si se compara con el misterio de nuestra existencia. Pero no es igual defenderse a pedradas que fabricar una bomba atómica. Unos pocos, los happy few, están en la cubierta de la galera sujetando el timón, marcando el rumbo, observando el camino de las estrellas: el resto, la mayoría, reman día y noche, maldiciendo en la oscuridad, sin conocer más que el trabajo de mover el remo.
Seguramente hay científicos que conocen ya que la catástrofe ecológica es irreversible e inminente. Y bien, la especie humana es un animal más, tan extinguible como los dinosaurios. Quien sabe observa desde arriba: como aquel personaje de El tercer hombre que veía hormigas afanosas desde las alturas de la noria del Prater de Viena.
La vida es el camino que se recorre entre dos novelas: de las Grandes esperanzas de Dickens a las Ilusiones perdidas de Balzac.

 

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‘Mejor un rey que otra guerra’

Para muchas de las personas que vivieron la Guerra Civil y la dictadura, los 40 años de democracia son un milagro. A sus ojos, quienes quieren actualizar el pacto de 1978 han perdido la percepción del peligro, del riesgo de una vuelta al pasado

'Mejor un rey que otra guerra'La familia Franco y los entonces príncipes de España con sus hijos en la puerta del Pazo de Meirás EFE

Estos días se nos han explicado por tierra, mar y aire, los motivos por los que España es todavía una monarquía:

1) Por designio del anterior jefe del Estado, el dictador Francisco Franco

2) Por interés del poder establecido y de las clases dominantes de entonces (que son las de ahora)

3) Por el papel de la izquierda mayoritaria durante la Transición (interesada en conquistas democráticas, entonces mucho más acuciantes que la forma del Estado)

4) Porque el republicanismo –de izquierdas y de derechas– no es lo suficientemente fuerte en España

5) Por la reacción de Juan Carlos I en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981

6) Porque otras democracias también son monarquías y no pasa nada

7) Porque siempre hay algo más urgente que resolver (y seguramente sea verdad)

Pero si España a estas alturas todavía es una monarquía es también, en cierta medida, por algo tan humano y comprensible como el miedo.

Cientos de miles de personas fueron asesinadas, torturadas, encarceladas y represaliadas durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista. No conocemos la cifra exacta de víctimas (a los fusilados no se los inscribía necesariamente en ningún registro).

Imaginemos la onda expansiva de terror y sufrimiento que recorrió el país, y que todavía recorre las vidas de muchas personas. En algunos pueblos aún hay quien baja la voz para hablar de ciertas cosas.

Las personas que padecieron directa o indirectamente las consecuencias de la guerra y la represión –o quienes simplemente se hayan interesado por la historia de aquí– saben que desde hace siglos este país ha sido volátil e inflamable, como una granada de mano, si bien más dado a la implosión que a la explosión. ‘Mejor un rey que otra guerra’, sería la frase que resume su postura.

Para muchas de estas personas, los 40 años de democracia (una democracia siempre mejorable) son un milagro: como quien logra completar una maratón con una granada en la mano sin volar por los aires. A sus ojos, quienes no vivieron la guerra y la posguerra, o quienes no se han interesado por la historia, han perdido la percepción del peligro.

Cabe preguntarse si España sigue siendo un polvorín que se mantiene inerte gracias a un frágil equilibrio: una jefatura del Estado y un ‘establishment’ intocables a cambio de una Constitución democrática. Una Constitución que, por cierto, nunca ha llegado a respetarse ni a intentar cumplirse por ningún partido, y que ha sido especialmente olvidada por aquellos que en los años setenta renegaban de ella (precisamente los que ahora se autodenominan “constitucionalistas”).

El pacto de 1978 en torno a la monarquía –una pequeña victoria para unos, una asumible y necesaria concesión para otros– es visto todavía por muchos ciudadanos como la anilla que evita el estallido de la granada. Y todo el mundo sabe que ‘lo responsable’ es no tocar la anilla de una granada. Esta ha sido, durante las últimas décadas, la postura del PSOE respecto a la monarquía: “No es el momento de abrir el debate”. Sorpresa: nunca es el momento.

Es verdad que muchos de los que nacimos en los albores de la democracia hemos heredado el miedo o, al menos, somos conscientes de ese miedo en nuestros mayores: esa sensación de que la bestia está amansada y es mejor no despertarla con alocadas esperanzas de mejoras democráticas.

Ese miedo a una vuelta al pasado se afianzó con el Golpe de Estado de 1981 que, para los que lo vivimos –aunque entonces fuésemos niños–, funcionó como una ‘vacuna de recuerdo’ del miedo. Grandes capas de nuestra sociedad todavía viven, quizá sin ser plenamente conscientes, bajo lo que los psicólogos denominan ‘estrés postraumático’. El trauma de la guerra y de la dictadura posterior.

Aspirar a perfeccionar nuestra democracia –incluso en algo tan discutiblemente urgente como es la forma del Estado– no debería ser ya percibido como una osadía

El gran mérito de nuestros padres, tras 40 años de régimen dictatorial, fue traer esta democracia. No fue un logro menor. Nuestra contribución a un país más democrático quizá sea desembarazarnos, por fin, del miedo. Porque, ¿de verdad es todavía tan volátil la democracia española como nos quieren hacer creer? ¿De verdad el equilibrio institucional no resistiría reformas que profundicen en la democracia?

Muchos ciudadanos nacidos en los ochenta y en los noventa, los que no conocieron ‘lo anterior’, creen vivir en una democracia como cualquiera de las que nos rodean. ¿Están equivocados? Piensan incluso que se pueden hacer reformas de calado. “¡Habráse visto!, ¡qué se habrán creído estos jovenzuelos!” (escucho en mi mente las voces escandalizadas de los que no quieren o no se atreven a que nada cambie).

Aspirar a perfeccionar nuestra democracia –incluso en algo tan discutiblemente urgente como es la forma del Estado– no debería ser ya percibido como una osadía, ni como una temeridad, ni siquiera como un acto de valentía ni de impaciencia. Tampoco dejar las cosas como están debería seguir siendo percibido como una acto de ‘responsabilidad’, porque la fatiga de materiales es patente.

De hecho, las tornas han cambiado. Lo irresponsable, cada vez está más claro, es no hacer nada. Si queremos salvar el pacto constitucional hay que actuar. Lo inconsciente es mirar para otro lado y dejar que España afronte los retos inmediatos –la pandemias por venir, la crisis climática, el rompecabezas territorial, la pobreza creciente y el machismo rampante– con el andamiaje institucional de hace 40 años. El tan mentado ‘sentido de Estado’ ya no es quedarse de brazos cruzados por miedo a despertar a la bestia. El sentido de Estado exige reformas.

Ya sabemos que Franco dejó todo “atado y bien atado”. Creo que el nudo más fuerte de esa mordaza heredada fue, precisamente, la sensación de amenaza, el temor a una vuelta al pasado. Pero ya no tenemos tiempo para vivir coaccionados, amenazados e incluso chantajeados por lo que fue. El futuro es mucho más importante.

Perder el miedo, pero nunca la memoria: en cierta manera, ese es el mejor homenaje y el mejor agradecimiento hacia aquellos que sufrieron la Guerra Civil y la dictadura; para todos los que, en algún momento, soñaron un país alegre.

https://www.eldiario.es/opinion

La hipótesis de la Reina Roja en tiempos de Covid-19

La resistencia bacteriana, la aparición del sexo y la vacuna frente al coronavirus se pueden explicar gracias a esta solución biológica

«Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido». La Reina Roja en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Lewis Carroll, 1871)
«Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido». La Reina Roja en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Lewis Carroll, 1871) – Wikicommons

 

En la novela “Alicia a través del espejo” de Lewis Carroll los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible para permanecer donde están, debido a que el país se mueve con ellos.

De esta novela surgió precisamente el símil de la hipótesis de la Reina Roja, una teoría que propone que los organismos necesitan adaptarse, evolucionar y proliferar constantemente para poder sobrevivir. Dicho de otro modo, es preciso que haya un proceso de adaptación continua para mantener el status quo con el entorno.

Esta teoría fue propuesta hace casi cincuenta años por el biólogo evolucionista Leigh Van Valen (1935-2010) como solución a la ley de Extinción, también formulada por él.

Carreras armamentísticas frente a las bacterias

Cuando los seres

 humanos descubrimos los primeros antibióticos para combatir las infecciones bacterianas algunos de estos patógenos evolucionaron para hacerse invulnerables a los tratamientos más comunes. Aparecieron las primeras resistencias bacterianas.

En respuesta a ello, los científicos desarrollaron antibióticos más eficientes, lo cual obligó a las bacterias a evolucionar aún más lejos. La Ciencia siguió avanzando de forma paralela y los tratamientos se fueron haciendo cada vez más potentes, solo para poder tener el mismo impacto que los primeros antibióticos décadas atrás.

En definitiva, los científicos han asistido a una carrera armamentística biológica para mantenernos en el mismo lugar en el que nos dejó Alexander Fleming con el descubrimiento de la penicilina allá por el año 1928.

Al principio no había sexo

Durante más de dos mil quinientos millones de años no había sexo, los animales se reproducían de forma asexual, motivo por el cual los descendientes tenían el mismo ADN que sus progenitores.

Esta situación era muy cómoda biológicamente, pero hacía a las especies especialmente vulnerables. Por ese motivo fue preciso inventar el sexo, un mecanismo desmesuradamente oneroso y que, además, era innecesario a todas luces para perpetuar la especie.

Sin embargo, el sexo era un dispositivo de defensa muy potente, con él la descendencia tendría genes combinados –paterno y materno- que haría más difícil su erradicación del entorno. La hipótesis de la Reina Roja apoya esta teoría.

Luchando frente al coronavirus

A lo largo de la Historia de la Humanidad los seres humanos hemos conseguido avances espectaculares, en la nómina incluiríamos entre otros la anestesia, las vacunas, los trasplantes o la quimioterapia.

El 5 de junio de 1981 fue el pistoletazo de salida del SIDA, una terrible epidemia que ya se ha cobrado más de treinta y tres millones de vidas, pero que afortunadamente se ha convertido en una enfermedad crónica en los países del primer mundo. A través de los fármacos antirretrovirales hemos podido hacer frente al VIH.

En el siglo veinte fuimos capaces de doblegar enfermedades tan terribles y devastadoras como la polio o la viruela. En un futuro no muy remoto aparecerán los órganos impresos con tecnología 3D y la “medicina a la carta” se convertirá en una realidad. Mientras esto sucede un nuevo actor ha entrado en escena -el SARS-Cov-2-, de momento nos ha adelantado y ha puesto en jaque a la humanidad.

Todo es cuestión de tiempo, debemos confiar en la Reina Roja, la investigación médica nos reestablecerá al lugar en el que nos encontrábamos hace apenas unos meses.

https://www.abc.es/ciencia

¿Qué está pasando con el oro?

PABLO AGNESE

Profesor adjunto en el área de Economía, Universitat Internacional de Catalunya

Wikimedia Commons / aekky
Wikimedia Commons / aekky

Económicamente hablando, ¿qué es el oro y por qué ha adquirido especial importancia en el contexto actual?

El oro fue (y sigue siendo) el primer medio de cambio universalmente aceptado y tiene un historial de uso de más de cinco mil años. Ningún otro medio de cambio ha sobrevivido tanto tiempo. El oro supera en tiempo a cualquier empresa o bono del tesoro.

Más allá del valor que le da su escasez, tiene atributos intrínsecos que lo hacen un metal precioso. Entre estos cabe destacar su ductilidad, maleabilidad, solubilidad, conductividad, y virtual incorruptibilidad, además de su relativa facilidad para ser transportado y guardado.

“El oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega incluso a llevar las almas al paraíso.”
Cristóbal Colón (Carta del IV viaje)

Destaca su tradicional empleo en joyería y sus crecientes y cambiantes usos industriales, que van desde la electrónica a los viajes espaciales.

Demanda global de oro por sector, 2019

¿Qué está pasando con el oro?

Este gráfico pone de manifiesto el atractivo del oro como reserva de valor. Esto ha sido así durante miles de años. No resulta una sorpresa constatar que, por ejemplo, el valor en oro de las residencias de las personas más ricas de la antigüedad sea prácticamente el mismo de lo que vale ahora una vivienda de lujo.

Un valor al alza

¿Qué se puede decir del precio del oro? El siguiente gráfico, que muestra el precio de la onza en los últimos veinte años, muestra una clara tendencia alcista, hasta llegar al máximo histórico de 1 981 dólares el 15 de julio de 2020.

Precio del oro por onza troy (31 g aprox.), en USD

¿Qué está pasando con el oro?

Siendo un valor al alza, ¿cómo se entiende entonces la estabilidad que hace del oro una reserva de valor? Pues porque aquello con lo que se contrasta, el papel moneda, ha ido perdiendo poder de compra de manera continua, y muy especialmente en las últimas décadas. Esta depreciación es consecuencia directa de la impresión indiscriminada de dinero por parte de los bancos centrales de todo el mundo.

“El deseo del oro no es por el oro. Es por los medios de libertad y beneficio.”

Ralph Waldo Emerson

¿Por qué el oro (y en menor medida la plata) aparece cada vez más a menudo como referencia económica, es decir, como una unidad de cuenta a partir de la cual hacemos comparaciones y mediciones? La respuesta corta es: por el gran nivel de incertidumbre que está atravesando actualmente la economía global, tal y como ocurrió en los años posteriores a la crisis financiera de 2008.

Una cuestión geopolítica

Una respuesta más detallada, sin embargo, arroja más luz sobre los orígenes de tal incertidumbre. Actualmente hay tres circunstancias que están teniendo lugar a escala global y que muy probablemente cambien las reglas del juego económico de manera substancial.

La primera y más visible es la pandemia de la covid, con toda la incertidumbre que rodea a sus números y a la efectividad de las políticas sanitarias para su contención.

La segunda tiene que ver con las protestas de carácter reivindicativo que son, algunas de ellas, violentas y radicales.

La tercera y más escurridiza de las tres tiene que ver con la inminente guerra fría entre Estados Unidos y China, que es el resultado de una escalada que ha ido desde la guerra de divisas con Obama hasta la guerra comercial con Trump.

Estos tres factores son el cóctel perfecto para sumir a la economía global en un gran caos o, en el mejor de los casos, en un mar de dudas en donde el oro parece ser el más fiable de los salvavidas.

En línea con esto, resulta interesante ver cómo se han comportado las reservas mundiales de oro en los últimos diez años.

Reservas de oro de los bancos centrales, primeros 10 países, toneladas

¿Qué está pasando con el oro?

Si bien las reservas de oro en términos per cápita de Rusia y China son todavía modestas (última columna), destaca su crecimiento en los últimos diez años, de un 226% y un 76% respectivamente, en comparación con la inmutabilidad de las reservas del resto de países.

Esto responde en gran medida al contrapeso que ejercen Rusia y China frente a la hegemonía del dólar como medio de cambio en las transacciones internacionales, y es una faceta más en la guerra comercial con Estados Unidos.

Por tanto, no es de extrañar que el oro tenga un papel cada vez más protagónico en la economía mundial.

El oro puede cumplir perfectamente con las funciones que la teoría económica atribuye al dinero: ser un medio de cambio que sirva a su vez como reserva de valor y como unidad de cuenta. El tiempo dirá si la economía, o más bien los gobiernos, darán lugar a un retorno a la estabilidad que representa el oro. Por lo pronto, su precio parece no tener techo.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

Imagen: © ullstein bild/Getty Images

A diez años de la publicación de Novela negra (2010), el escritor Juan José Podestá retorna a la poesía con el libro Derechos de propiedad, publicado recientemente por Editorial Aparte. Poemas directos y punzantes, de los que presentamos una breve selección.


los índices macroeconómicos
de este pacto bursátil
acabarán por desesperar
a inversionistas que saldrán
corriendo a la bolsa

para ser franco, esta empresa
no promete nada

fue permuta de papel

en los muebles con polillas
carpetas
y egresos

aunque nos quede saber
quién cerrará el portón
eche candado
y vire raudo al paradero

con rumbo indefinido.

 

§

 

así como
el fmi puede matar
a una moneda

una mañana dijiste
no confiabas
en la empresa

¿qué hago ahora
con las existencias?

solicitudes de préstamos
y prórrogas buscaron
retrasar la deuda externa
de este impagable asunto:

………………..la profundidad que media
………………..entre una ola

………………..la rugosidad del arenal.

 

§

 

hope decía que un banco
es un lugar que te presta dinero
si puedes probar
que no lo necesitas

dime
viejo bob
qué chucha puede ofrecer
un cuerpo
al que demuestras
desprecio

qué ofrece
cuando ansiamos

toda la carne del mundo
y no

dinero.

 

§

 

impuestos internos
devolvió facturas
mal hechas

grullas de papel
que luego flotaron
incendiadas
por el cielo
de la fábrica

una tarde en que el sol
penaba
como un contrabando.

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

Juan José Podestá (Tocopilla, 1979). Es periodista y escritor. Tiene tres títulos publicados: el libro de poesía Novela negra (Cinosargo, 2010) y los libros de cuentos El tema es complicado (Narrativa Punto Aparte, 2013) y Playa Panteón (Narrativa Punto Aparte, 2016). Es magíster en literatura latinoamericana y trabaja en una biblioteca. Vive en Iquique.

https://jampster.cl