Ganancias presidenciales

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HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

Si se ponen a un lado las mentiras de ida y vuelta cambiadas anteayer por los presidentes de México y de Estados Unidos, puede decirse que el encuentro les salió bien a los dos.

Cada quien consiguió lo que quería: el presidente Trump una plataforma para hablarle a votantes mexicoamericanos; el presidente López Obrador una imagen de gobernante diestro, capaz de una visita exitosa a la boca del león.

¿Por qué poner a un lado las mentiras? Porque ponerlas en el primer plano no ayuda a entender lo que pasó.

Mentir es parte convenida de la diplomacia y a ninguno de los dos presidentes les preocupa decir mentiras, grandes o chicas, si éstas tienen rendimientos políticos. Si conviene políticamente, los dos están dispuestos a decir lo que convenga.

Creo que esto es lo que sucedió entre Trump y López Obrador. Pactaron cambiar sus viejas palabras de confrontación por nuevas palabras de convergencia. Trump recogió desmedidos elogios diplomáticos del Presidente mexicano, y le devolvió desmedidos elogios diplomáticos.

Al presidente Trump le urgía cambiar su discurso antimexicano para mantenerse competitivo en el voto latino, particularmente en el estado de Texas, donde Biden lo empata en las encuestas.

Sin ganar Texas, es imposible para Trump ganar la presidencia. Véase a este respecto el preciso análisis de Jorge Castañeda en la página electrónica de Nexos.

Al presidente López Obrador le urgía una victoria de cualquier tipo, y logró pactarla diplomáticamente en el lugar aparentemente más riesgoso para él. La reacción de los partidarios y colaboradores del Presidente mexicano celebrando el encuentro como un momento nunca visto de la diplomacia, muestra la urgencia de una victoria que había en ellos.

Siento que también en los medios había cierta necesidad de cantar un triunfo del presidente López Obrador, porque la racha de malas noticias empezaba a ser asfixiante. Peor: empezaba a ser juzgada, por el propio Presidente, como oposicionismo conservador, lo cual, en el México de hoy, es anatema.

Los dos presidentes han podido cantar victoria en esta jornada, y vuelven, fortalecidos, a sus complicados escenarios nacionales. Trump a la cuesta electoral, López Obrador a la cuesta de la realidad.

 

https://www.milenio.com/opinion

PRÓLOGO DE CARL SAGAN A “HISTORIA DEL TIEMPO” DE STEPHEN HAWKING

Las 9 reglas del pensamiento escéptico según Carl Sagan - INVDESLas 9 reglas del pensamiento escéptico según Carl Sagan - INVDESLas 9 reglas del pensamiento escéptico según Carl Sagan - INVDESLas 9 reglas del pensamiento escéptico según Carl Sagan - INVDES

He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi.
 
Sir Isaac Newton.
 
 
 
Ayer comencé la lectura de “Historia del Tiempo”, de Stephen Hawking, en la edición de bolsillo publicada por Alianza Editorial. Consta de 284 páginas, en total. Nada más abrir el libro, me encuentro con un breve apartado, escrito por el autor, el 20 de Octubre de 1987, titulado “Agradecimientos”, donde expone de dónde partió la idea de la escritura de este libro y la dificultad que implica la realización de un libro muy complejo, un breve tratado de Cosmología, dirigido a un público sin formación científica. Su editor le sugirió que, por cada fórmula que incluyese en esta obra, se reduciría el porcentaje de las ventas en la mitad. Al final, una sola fórmula aparece, inevitablemente, dada su enorme relevancia histórica:    E=mc 2     
  Se escogió para el prólogo a Carl Sagan, gran divulgador científico, seguramente porque en aquellas fechas, finales de los ochenta, triunfaba en televisión su serie COSMOS. Recuerdo perfectamente la serie, cuando la ponían en TVE, por las tardes, hace más de veinte años. Carl Sagan había escrito años antes (1980) su libro “Cosmos”, publicado en España por la editorial Planeta. La serie está basada en este libro. Este blog debe su título al primer capítulo de esta obra, “En la orilla del océano cósmico”. Recomiendo este libro mucho más que la serie de televisión. El contenido es exactamente el mismo, pero el libro es una joya, su lectura adornada de abundantes y bellísimas fotografías, constituye un verdadero placer literario y estético. La historia, narrada en el segundo capítulo –“Una voz en la fuga cósmica”-,  de los samurais Heike y la curiosa forma del caparazón de algunos cangrejos que los pescadores devolvían al mar, es inolvidable.
Carl Sagan era la figura científica idónea para prologar el libro más conocido y popular de Hawking.
Ambos libros, el de Sagan y el de Hawking, hoy día, son imprescindibles en cualquier biblioteca media.
Hacia el final del prólogo, Sagan dice: “También se trata de un libro acerca de Dios… O quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas”.   Ciertamente, el hombre – ya lo dijo el mismísimo Einstein – encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.



PRÓLOGO DE CARL SAGAN A "HISTORIA DEL TIEMPO" DE STEPHEN HAWKING

 

Nos movemos en nuestro ambiente diario sin entender casi nada acerca del mundo. 


Dedicamos poco tiempo a pensar en el mecanismo que genera la luz solar que hace posible la vida, en la gravedad que nos ata a la Tierra y que de otra forma nos lanzaría al espacio, o en los átomos de los que estamos constituidos y de cuya estabilidad dependemos de manera fundamental. 
Excepto los niños (que no saben lo suficiente como para no preguntar las cuestiones importantes), pocos de nosotros dedicamos tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es de la forma que es, de dónde surgió el cosmos, o si siempre estuvo aquí, si el tiempo correrá en sentido contrario algún día y los efectos precederán a las causas, o si existen límites fundamentales acerca de lo que los humanos pueden saber. Hay incluso niños, y yo he conocido algunos, que quieren saber a qué se parece un agujero negro, o cuál es el trozo más pequeño de la materia, o por qué recordamos el pasado y no el futuro, o cómo es que, si hubo caos antes, existe, aparentemente, orden hoy, y, en definitiva, por qué hay un universo. 

En nuestra sociedad aún sigue siendo normal para los padres y los maestros responder a estas cuestiones con un encogimiento de hombros, o con una referencia a creencias religiosas vagamente recordadas. Algunos se sienten incómodos con cuestiones de este tipo, porque nos muestran vívidamente las limitaciones del entendimiento humano. 

Pero gran parte de la filosofía y de la ciencia han estado guiadas por tales preguntas. Un número creciente de adultos desean preguntar este tipo de cuestiones, y, ocasionalmente, reciben algunas respuestas asombrosas. 

Equidistantes de los átomos y de las estrellas, estamos extendiendo nuestros horizontes exploratorios para abarcar tanto lo muy pequeño como lo muy grande. 

En la primavera de 1974, unos dos años antes de que la nave espacial Viking aterrizara en Marte, estuve en una reunión en Inglaterra, financiada por la Royal Society de Londres, para examinar la cuestión de cómo buscar vida extraterrestre. 

Durante un descanso noté que se estaba celebrando una reunión mucho mayor en un salón adyacente, en el cual entré movido por la curiosidad. Pronto me di cuenta de que estaba siendo testigo de un rito antiquísimo, la investidura de nuevos miembros de la Royal Society, una de las más antiguas organizaciones académicas del planeta. En la primera fila, un joven en una silla de ruedas estaba poniendo, muy lentamente, su nombre en un libro que lleva en sus primeras páginas la firma de Isaac Newton. Cuando al final acabó, hubo una conmovedora ovación. Stephen Hawking era ya una leyenda. 

Hawking ocupa ahora la cátedra Lucasian de matemáticas de la Universidad de Cambridge, un puesto que fue ocupado en otro tiempo por Newton y después por P. A. M. Dirac, dos célebres exploradores de lo muy grande y lo muy pequeño. Él es su valioso sucesor. Este, el primer libro de Hawking para el no especialista, es una fuente de satisfacciones para la audiencia profana. Tan interesante como los contenidos de gran alcance del libro es la visión que proporciona de los mecanismos de la mente de su autor. En este libro hay revelaciones lúcidas sobre las fronteras de la física, la astronomía, la cosmología, y el valor. 

También se trata de un libro acerca de Dios… o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas. 

Hawking se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un Creador.

 

Carl Sagan
Universidad de Cornell, lthaca, Nueva York.
https://nrodriguezpadilla.blogspot.com

Los masajes de Jeffrey Epstein

Jeffrey Epstein, un retrato del abuso sexual y el poder | El Comercio

Tras los abusos que sufrió a manos de Jeffrey Epstein y la absoluta negligencia con que la policía de Nueva York archivó su denuncia, Maria Farmer dejó de pintar. Tenía 25 años cuando en una exposición celebrada en 1995 ya había vendido sus tres únicos cuadros; entonces Eilenn Guggenheim la convenció para que deshiciera la venta con un cliente alemán, que había comprado la última pintura por 12.000 dólares, para que se lo vendiera a mitad de precio al multimillonario Jeffrey Epstein, quien iba a lanzar su carrera artística hasta la estratosfera. Un año después, lo único que sacó en claro Maria Farmer de aquella transacción fue un asco infinito, la torpeza -que nunca se perdonará- de haber dejado a su hermana Annie, menor de edad, en las garras de ese depredador, y la constatación de que la justicia funciona de un modo muy peculiar para los ricos.

La historia hubiera sido muy distinta si las autoridades pertinentes hubieran escuchado a las hermanas Farmer: cientos, quizá miles de violaciones podrían haberse evitado. Pero la patente de corso de Epstein -y de su mano derecha en la caza de víctimas, la resbaladiza Ghislaine Maxwell- venía inscrita en oro puro, un patrimonio que incluía una mansión de siete pisos en el centro de Manhattan valorada en 55 millones de dólares, un rancho en Nuevo México de 17 millones, otra casa de ensueño en Palm Beach, Florida, un piso de lujo en el centro de París, dos aviones privados y una isla caribeña de su propiedad, Little St. James, que se convirtió en un infierno para adolescentes y en el centro de una exclusiva red de tráfico de menores.

Scott Fitzgerald, que los conocía de primera mano, dijo que la principal diferencia entre los ricos y los pobres era que los ricos tenían más dinero y los pobres más hijos, pero se le pasó por alto mencionar las diferencias entre los ricos y los asquerosamente ricos. Ese es precisamente el subtítulo del devastador documental de Lisa Bryant con el que Netflix ha retratado la vergüenza y el descrédito del sistema judicial estadounidense, el modo en que, durante décadas, la fiscalía, la policía, el FBI, periodistas, abogados, financieros y políticos colaboraron para salvar el culo a un pederasta y ocultar una inmunda trama de violaciones y abusos a menores que involucraba a miembros de la casa real británica, a incontables millonarios, a un ex presidente y a un futuro presidente de los Estados Unidos. Hay docenas de fotos, registros y testimonios que vinculan a Jeffrey Epstein con el príncipe Andrew, Bill Clinton y Donald Trump, lo que deja claro que la mierda ya no podía subir más alto.

También hay héroes en esta historia: un jefe de policía que no podía creer cómo el fiscal jefe de Florida pasaba página, una periodista neoyorquina que vio cómo su editor se echaba atrás a la primera de cambio, un detective que se jugó la vida husmeando entre la basura del magnate, una investigadora del FBI que se echó a llorar cuando el caso se vino abajo, un abogado que no tiró la toalla en ningún momento. Pero, sobre todo, está la voz y el rostro de las víctimas, Virginia Giuffre, Chauntae Davis, Courtney Wild, Sarah Ransome y docenas y docenas de mujeres que sólo eran niñas cuando cayeron en manos de Epstein y cuyas vidas fueron minuciosamente destrozadas sólo para que ese monstruo psicópata y sus amigos millonarios pasaran un rato de diversión. Giuffre terminó en Queensland, Australia, lo más lejos que pudo huir de las amenazas del multimillonario, mientras Ransome se refugió en Cataluña, después de intentar huir a nado entre tiburones de la isla de Little St. James.

La moraleja de esta historia es que el dinero lo compra todo, las alabanzas de la prensa, el calor de los políticos, el favor del fiscal general del estado, Alex Acosta, que ascendió al cargo de Secretario de Empleo con Trump y que tuvo que dimitir tras la escandalosa reapertura del caso Epstein en julio de 2019. Acosta negoció un trato bajo cuerda con Epstein, sin conocimiento de las víctimas ni de sus abogados, en que una acusación por numerosos cargos de delitos de pederastia, violación y tráfico de menores quedó reducida a una condena de 13 meses en una prisión de chiste de la que podía salir 12 horas al día. De no ser por el Metoo y el maremoto de indignación mundial a que dio lugar, Epstein seguirá dedicado a sus masajes con menores y a sus masajes con políticos, abogados, potentados y príncipes de la realeza.

Al poco de que el juez Richard Berman decretara prisión sin fianza para Epstein, el multimillonario apareció misteriosamente muerto en su celda y la autopsia aseguró que se había suicidado rompiéndose el cuello con una sábana atada a una litera. Entonces el hermano de Epstein encargó a un experto forense un estudio alternativo de la autopsia y el especialista declaró que jamás en toda su larga carrera había visto un caso de suicido más extraño, con el hueso hioides roto por tres sitios. La cantidad de material incautado por la policía en la mansión de Epstein en Nueva York, con miles de fotos y películas comprometedoras, es otro de esos agujeros negros de la historia estadounidense de los que, como el asesinato de JFK, jamás sabremos nada.

Dos días antes de su espectacular mutis, mediante una astuta maniobra legal, Epstein puso a salvo su fortuna de más de 500 millones de dólares en un fideicomiso de las Islas Vírgenes, una ironía onomástica que es el colmo del cinismo. De este modo, sus víctimas se quedaron no sólo sin compensación económica sino también sin el derecho a un juicio justo. Al menos Maria Farmer volvió a pintar y, antes de iniciar una serie de retratos de sus compañeras de infortunio, plasmó una especie de diagrama infernal de las conexiones de Epstein que parece una versión naif del Bosco. Esta misma semana el FBI detuvo a Ghislaine Maxwell, cómplice y colaboradora de Jeffrey Epstein en su aterradora telaraña de abusos pedófilos. Teniendo en cuenta sus relaciones con el Duque de York, Bill Clinton, Donald Trump, el ex primer ministro israelí Ehud Barak, el multimillonario Lex Werner y Alan Dershowitz, principal abogado de Epstein, acusado también de violación, muchos dicen que va a suicidarse y otros que la van a suicidar. Se admiten apuestas.

https://blogs.publico.es/davidtorres

Neurogastronomía: así la ciencia hace que ames el brócoli

Neurogastronomía: así la ciencia hace que ames el brócoli
Gerd Altmann en Pixabay.

Hace mucho tiempo, en una sabana muy lejana, nuestro cerebro se adaptó a un medio y a una forma de vida. En aquel territorio hostil las grasas eran buenas y equilibradas (pues serían escasas). Los carbohidratos nos proporcionaban la energía necesaria para salir pitando del leopardo. Eran como un fuel energético, una maravilla que nos permitió ascender a jefes de la jungla. Lo supimos cuando el leopardo empezó a correr en sentido contrario.

Hacíamos mucho ejercicio y no siempre podíamos comer (teníamos que identificar rápido los supernutrientes y hartarnos hasta la próxima luna). Esta fuerza adaptativa todavía esta presente en nuestro sistema nervioso. Ha sido heredada por las siguientes generaciones que recolectan monedas en el sofá y cazan las 24 horas en el frigorífico. Como en la saga de Star Wars es una fuerza que tiene un lado oscuro.

Escúchame, Obi-Wan Kenobi, tenemos una nueva esperanza. Cual buenos Jedi, la fuerza del gusto, el olfato, el tacto y la vista nos acompaña. Una parte de la industria alimentaria ha sido gobernada por el lado oscuro, utilizando dicho poder biológico a su favor. Con su temible estrella de potenciadores del sabor, el imperio gástrico aprendió a controlar cual Darth Vader nuestras gargantas.

Luke Skywalker está hoy demasiado obeso para capitanear la resistencia. La princesa Leia sufre diabetes. Chewbacca toma pastillas para la presión arterial. Y Han Solo lleva marcapasos. Claramente hay una perturbación en la Fuerza.

Los receptores químicos pueden ser doblegados hacia las grasas saturadas y alimentos de ínfimo valor nutricional solo potenciando uno de los sabores básicos: el umami, el gusto sabroso, activado por el glutamato monosódico. Y entonces ya no hay stop… estás en el lado oscuro.

Queridos Solo, Leia, Chewbacca, R2 y C3PO… que no conseguís que vuestros hijos coman el luminoso brócoli que tiene el mismo color que el maestro Yoda: la misma fuerza utilizar podréis pero en sentido contrario.

Una joven disciplina llamada neurogastronomía está intentando entender qué ocurre en nuestra mente con el gusto y el apetito. Ayudan a pacientes con cáncer y alzheimer para que coman más y mejor. Tienen valiosas lecciones con las verduras, frutas y legumbres… Podéis utilizar la fuerza para que el brócoli se parezca a una espada láser.

Primera lección: la realidad no es lo que tú crees

Como en la película de George Lucas, la primera enseñanza que un Jedi debe aprender es que nada es lo que parece ser. Ya se lo dijo Obi-wan a Luke en el filme: “Tus ojos pueden engañarte, no confíes en ellos”. No se trata de la realidad: eso que llamamos gusto es como un lienzo, un cuadro que dibuja nuestra mente.

“La neurogastronomía intenta utilizar la información que nos aporta la neurociencia para llevarlo al terreno de la alimentación y la nutrición. Lo que sabemos por la fisiología de los sistemas sensoriales es que cuando hablamos del gusto o el olfato se trata de dos sentidos bastante complejos, reciben la información del entorno pero al final lo que llega a nuestro cerebro es una construcción”, explica Diego Redolar, neurocientífico e investigador del grupo Cognitive NeuroLab de la UOC.

Construimos el gusto a través del estimulo físico que activa a estos sentidos e impacta como un caza imperial en el sistema nervioso. Pero en esa construcción el sabor o el olfato (que usan elementos químicos) no son los únicos pilotos. Intervienen a su vez la visión (que reacciona en función de los fotones de luz), el sistema somatosensorial (cómo utilizamos la lengua e identificamos las texturas), la memoria, los hábitos sociales y la disposición del alimento que tenemos delante.

Conociendo cómo presentarle al cerebro estos elementos podemos influir en el gusto y la conducta, ya que existe una sinergia entre los sistemas sensoriales. El todo es mayor que la suma de las partes. El lienzo final será distinto, algo que conoce muy bien el lado oscuro del sector alimentario.

Pan.
Pan. Fancycrave1 en Pixabay

El lado luminoso de la fuerza

Quienes trabajan en el lado luminoso están haciendo hallazgos interesantes. En algunos hospitales se han utilizado aromas de pan recién hecho o de café para estimular el apetito de enfermos de cáncer (debido a la quimioterapia pierden la regeneración de las papilas gustativas y todo les sabe metálico). “Se trata de estimular el sentido del olfato porque los receptores del gusto no están funcionando”, asegura Redolar.

Sorprendentemente, al recibir ese aroma- que es químico o artificial- los pacientes se mostraron más dispuestos a comer y consumieron mayores cantidades de la comida hospitalaria. Los olores tienen un papel fundamental en el aprendizaje del sistema nervioso. A pesar de ser un estímulo inicialmente neutro, genera conexiones muy potentes. Luego pueden activarse al aparecer de nuevo el estímulo. Recuerden la madalena de Proust y su viaje de más de mil páginas a su infancia. ¡Menuda madalena!

Al lienzo o construcción final tenemos que añadirle un elemento más: la cultura, la tradición, lo que hemos comido. El olor a pan recién hecho funcionará entre los pueblos que coman pan y asocien ese olor condicionado a la comida de calidad. En India quizás sería mejor el aroma de curry. “El resultado final no se explica solo por el resultado fisiológico del gusto, el olfato o la vista, sino que va más allá, y a esto debemos incluir los hábitos y patrones sociales”, explica Redolar.

Cómo funciona un menú neurosaludable

La fuerza es poderosa. Se está investigando mucho en este campo. Entre personas que padecen una enfermedad neurodegenerativa como el alzheimer uno de los sentidos que se ve precozmente alterado es el olfato. Por lo tanto, por esa cuestión sinérgica, también falla el gusto.

Comerán menos. Tendrán peor salud integral. “Muchas iniciativas van vinculadas en este caso al aspecto de la comida”, asegura Redolar. “Un mismo alimento lo presentas de una manera determinada y con un plato de un color también determinado y esto puede ayudar a que el paciente termine comiendo más”, añade.

Han descubierto que un plato blanco consigue intensificar la percepción de dulzor de una mousse de fresa, por ejemplo. Manipular los tamaños se está utilizado también para el tratamiento de la obesidad. “En función del plato la persona termina comiendo más o menos”, alega.

Al ser nuestro cerebro un pintor de realidades la presentación del alimento es importante. “Las zanahorias presentadas enteras no son atractivas y además cuesta de masticar. Pero si las cortas de manera alargada y muy fina, o incluso si las tuestas un poquito, consigues que esa persona lo perciba como más atractivo. Esto las empresas ya lo han visto y por eso comercializan chips de verduras tostadas o fritas”, explica.

La paradoja es que las aplicaciones de estos conocimientos en el ámbito de la salud son todavía escasas, según este experto, mientras que en la industria son extensas, como ocurre con los famosos potenciadores del sabor.

“El más utilizado es el glutamato monosódico. Hace que a la persona le sea muy difícil dejar de comer. Las patatas fritas tipo Pringles tienen mucho glutamato. Activan el receptor del umami y de los alimentos ricos en proteínas. La carne y el pescado tienen glutamina que activa ese receptor. Cuando abrimos un tubo de patatas de alguna manera le estamos diciendo a nuestro cerebro que es altamente nutritivo y que lo necesitamos. Pero el alimento que estamos tomando no es así, son carbohidratos con grasas”, asevera.

Se envía a nuestro cerebro una información incorrecta y esto lo utiliza la industria para que comamos ciertos alimentos y en una concentración determinada. Luke, ahora comprendes el poder la fuerza…

Brócoli.
Brócoli. Pixabay.

Usa el poder de la fuerza para comer el brócoli

Podemos utilizar la capacidad adaptativa de esa información a nuestro favor. Los pioneros de la neurograstronomía, como el profesor de la Universidad de Yale, el doctor Gordon M. Shepherd, ya apuntaron en las bases de esta joven ciencia sus prometedoras aplicaciones en el ámbito de la salud.

Preguntamos a nuestro Yoda Redolar cómo podemos utilizar la fuerza de los sentidos para consumir más verduras y legumbres. Tomen nota si sus hijos se muestran rebeldes con los alimentos saludables.

 

  1. ¿Qué hacemos con el brócoli?

A pesar de ser antioxidante, vitamínico, anticancerígeno, y muy saludable… a nuestros hijos (y a muchos de nosotros) no les apetece ni por textura ni por sabor. ¿Cómo lo hacemos atractivo? Existen varias opciones, trucos, pequeñas manipulaciones. Lo primero es trabajar con el tamaño. No se lo presenten a su hijo como si fuera el pavo entero de Navidad. “Tamaños pequeños que el niño los vea más apetecibles”, según Redolar. También presten atención al plato. Que sea llano y que no salga el brócoli por los extremos. La verdura en medio y que no se perciba en conjunto como gran cantidad.

Podemos trabajar en el mismo sabor, aprovechando las características biológicas heredadas. Podemos utilizar el umami en sentido provechoso. “Un ejemplo sería añadir un poquito de soja. Sin pasarnos y con una soja de bajo contenido de sal. Siempre conservando el sabor del brócoli. La soja tiene mucho glutamato. Si se la añadimos al brócoli en poca cantidad-porque se trata de que el niño aprenda que el sabor de la verdura es positivo y bueno- se genera un aprendizaje”, dice.

Es un truco muy utilizado en la gastronomía asiática (es preciso recordar que el glutamato en concentraciones muy elevadas, aunque difícilmente alcanzables en una dieta equilibrada, puede ser tóxico). En nuestra cultura hemos utilizado este principio con el queso o los lácteos. Es por la grasa, ya que nuestro sistema es capaz de percibir inconscientemente qué alimentos la contienen y eso los hace más apetecibles y gratificantes. Convertir el brócoli en croquetas o lasañas, aunque efectivo, hará que modifiquemos demasiado el estímulo y seguirán huyendo del vegetal.

  1. ¿Qué hacemos con las frutas? 

El cómete la manzana entera puede que no funcione, aunque en principio estemos biológicamente muy predispuestos como primates a las frutas. Incluso hay autores que sostienen que el crecimiento de nuestro  sistema nervioso primitivo pudo darse inicialmente gracias a estos alimentos.

“El problema de la fruta es que a pesar de que estamos dispuestos a ella, como ocurre con el umami de carnes y pescados, tiene muchos competidores en la sociedad que vivimos”, cuenta Redolar. Natillas, helados, flanes… El pico de glucosa de un flan es como comparar la cocaína con la hoja de coca. “Una de las maneras es no ofrecer esas alternativas, intentar evitarlas”, concluye. Otra es pelar las frutas, cortarlas en trozos y poner palillos de colores en cada pieza para que el niño vaya sirviéndose.

“Solo con el hecho de coger la fruta con un palillo puede ayudar a que se coma más, en niños y mayores”, añade. Otra alternativa es variar el alimento, un efecto macedonia, algo que se conoce muy bien a nivel comercial. Distintas frutas peladas, cortadas y preparadas para el consumo.

  1. ¿Qué hacemos con las judías verdes y espinacas?

No tenemos ayuda de la biología en este caso. En la sabana ancestral nos importaban un pimiento. Así que es necesario darles un empujón. Presentarlas en proporciones pequeñas y usar potenciadores naturales como en el caso de brócoli. Uno de los que contiene mucho glutamato es el tomate natural. La receta tradicional de judías verdes con salsa de tomate opera con el mismo principio.

  1. ¿Qué hacemos con las legumbres?

Las legumbres son un alimento de gran valor. No contienen grasas saturadas y se recomienda una ingesta alta o medianamente alta. Pero no es el comestible preferido de muchas personas. Aquí quizás la fuerza de los sentidos necesita un nivel más avanzado. Para posibilitarlo hay que jugar otra vez con los sabores y buscar aquellos que sean más gratificantes para la persona en cuestión.

Jóvenes Skywalker… puede que estos trucos no funcionen en su caso. Puede que la fuerza saludable sea  esquiva en este tiempo de las pizzas congeladas del imperio. Pero habremos aprendido la primera lección: sabemos cómo funciona el lado oscuro. Tras la negra noche siempre hubo un amanecer en la sabana que nos vio nacer. Que la fuerza os acompañe…

➥  Si desean practicar en los fogones los principios de la neurogastronomía aquí les dejamos distintas recetas saludables. 

https://blogs.publico.es/recetas-caseras-nutricion-saludable/